Cine Argentino

Bandido

De: Luciano Juncos

Bandido le pasa tan por arriba a la idea del cine que existe en Argentina que parece un milagro que se haya filmado una historia así fuera de la edad dorada del cine nacional. Su idea de los personajes y la historia que cuenta reflejan una mirada del cine más trascendente que la habitual miopía de un cine argentino, casi siempre preocupado por el revisionismo histórico a la moda de cada época y de una falta de sofisticación digna de la lectura de un diario en un bar.

Bandido es una historia con un gran personaje. Roberto Benítez, cuyo nombre artístico es Bandido, es un cantante popular que adivinamos ha dejado atrás su mejor momento. No ha fracasado en su carrera artística, pero en su ocaso descubre que ya no quiere cantar más. Está cansado, desmotivado, sin rumbo. No es un personaje sórdido ni siniestro. Es simplemente un hombre que ha perdido las ganas. Mientras está preparando un disco con sus grandes éxitos, Roberto no termina de encontrar la salida del laberinto en el que se encuentra.

Pero entonces surge una oportunidad inesperada. Una noche lo asaltan al pasar con su auto por un barrio pobre y el azar lo termina reencontrando con un viejo amigo, también músico. Conoce allí a un grupo de personas que tienen muchos problemas, pero uno puntual: Una antena será instalada en el medio del barrio, atentando contra la salud de los ciudadanos. Como ocurre en esta clase de historias, ayudarlos tal vez sea la manera de encontrar él mismo la respuesta que estaba buscando.

Bandido no es una película política, es una película sobre una nueva oportunidad. Sobre recuperar las ganas de vivir y encontrarle sentido a las cosas. La película arranca con un recital y termina con un recital. De la melancolía a la alegría. Nunca se respira un aire solemne, nunca se cargan las tintas. Tampoco hay tragedia ni lugares comunes, como bien lo muestra la relación luminosa que tiene Roberto con su hija.

Si se hubiera filmado en Estados Unidos pensaríamos en comparar la estructura del film y su protagonista con algunos títulos de Clint Eastwood. Salvando las distancias, claro, pero no siendo exagerados en la comparación de ideas. Se parece a muchos otros relatos de segunda oportunidad o de veteranos que buscan recuperarse en una última gran batalla. Pero como se filmó en Córdoba eso nos lleva a creer que es un film argentino más. No lo es y se nota desde lejos. Osvaldo Laport, por otra parte, no podría estar más perfecto en este rol que parece hecho a su medida. Su sobriedad actoral y su capacidad de jugar para la película y no para su lucimiento son dignos de mención. En su trabajo una vez más Bandido refleja otra manera de hacer cine, diferente a lo que vemos acá. Ojalá hubiera más actores así en el cine nacional.