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I´M NOT THERE, de Todd Haynes

DESHACIENDO A DYLAN | por Sebastián Nuñez

A partir de diferentes momentos de la vida de uno de los personajes más relevantes de la cultura musical norteamericana del siglo XX, Bob Dylan, el director Todd Haynes construye un biopic que intenta alejarse de las formas más ordinarias de ese pseudogénero, pero que termina cayendo en uno de los peores defectos del así denominado cine independiente: el esteticismo vacuo.



La visión de todo el despliegue ficcional y de artificios que pone en funcionamiento I´m not there genera una serie de preguntas: ¿quién es Bob Dylan?, ¿es un solo personaje o son varios que se fueron sucediendo a través de los años?; ¿qué representa ese músico y su música?; ¿es posible retratar a una persona en toda su complejidad en lugar de caer en reduccionismos?; ¿a través de qué procedimientos el cine puede llevar a delante esa tarea?; ¿por qué el director eligió esta forma de representación y no otra?.
Pero estas preguntas, que no serán satisfechas y que terminan siendo el fondo de la película al reemplazar sin intención ese fuera de campo que debería dar sustento a toda ficción y que es nada menos que su significado, no son un punto de partida, sino más bien una suerte de respuestas tardías por parte de la conciencia del espectador a las diferentes situaciones que van apareciendo en la fragmentada narración del film. La distancia que busca y genera Haynes con sus elecciones formales (cambios de iluminación, paso del blanco y negro al color, intertítulos, muchos actores interpretando a una misma persona con diferentes nombres, y demás) hace inevitable que la voluntad del espectador esté todo el tiempo preguntando como consecuencia de la imposibilidad de sentirse parte de, ya que en films de esta naturaleza todo juego le resulta ajeno. Por una lado pregunta por esa vida representada (la de Dylan), y por otro, por la misma representación que contempla (o sufre). Pero ese preguntar no es la búsqueda del sentido último que radica en la simbólica de toda obra de arte, sino que es un preguntar más limitado, más pobre. Es un preguntar que surge del tedio y la desorientación que se padecen al estar frente a una obra que no ofrece nada a cambio, que no hecha luz sobre ningún aspecto del objeto representado. Básicamente, entonces, el espectador cuestiona de manera desesperada y no analítica ni intuitiva (y la intuición es la forma más compleja y elevada de pensamiento), porque para tal empresa es necesario que la representación ofrezca un puente que permita el pasaje desde su condición de soporte ficcional a su significado. Y tal puente (o puerta) no existe en I´m not there, ya que no le interesa configurar un sentido último, o si se quiere una mirada determinada sobre el objeto o tema representado. Y entonces la busca del espectador, y con ella su propia condición participativa que el cine como medio supo configurar desde su creación, se derrumba ante la imposibilidad de completar lo visto, y así film y espectador llegan a ninguna parte. Haynes intenta descomponer la imagen de una figura pública para alejarse, seguramente, de las formas más comunes de construir un biopic. Pero esa descomposición actúa también sobre el cine y sus espectadores, negándole a ambos sus propias posibilidades y funciones. En definitiva, a Haynes le importa más aparentar ser un artista de vanguardia alejado de los parámetros industriales que crear una obra que instaure valores propios y algún tipo de juicio original sobre el personaje que eligió tratar. I´m not there es apenas una serie de hechos biográficos diluidos en un manojo de trucos esteticistas, y por lo tanto caprichosos.





 

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