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VIVIR DE NOCHE, de Ben Affleck

SENDAS TORCIDAS | por Santiago García

La cuarta película de Ben Affleck como director lo confirma como el más importante de los cineastas surgidos en el siglo XXI. Su clasicismo y su solidez no tiene comparación entre sus contemporáneos.



Hay alguno único y movilizador en la filmografía de Ben Affleck. La potencia moral de su cine se mueve en carriles no habituales para la producción cinematográfica actual. Sus personajes protagónicos -en tres casos interpretados por él, pero en su primera película por su hermano Casey- se enfrentan a dilemas morales y a decisiones que más tarde o más temprano tienen un precio. Salgan victoriosos o no tanto, ninguno puede salir indemne. Sin duda el más feliz de todos sea el de Argo, su película menos melancólica y oscura. Pero en su cine la vida siempre enfrenta a las personas a las decisiones que lo definen todo. Por supuesto que es cine y por lo tanto esas decisiones morales son notables e incluyen drama, violencia y muerte. Acá estamos lejos de la ambigua simpatía que sienten por los gángsters o los violentos otros cineastas. Joe Coughlin (Ben Affleck) va mucho más allá de los personajes, en él el realizador transmite su mirada del mundo, su idea del mundo. Como siempre en Affleck, nada es gratuito, ningún acto carece de consecuencias. Cuando la nobleza es recta, el triunfo es grande, pero cuando en el camino el personaje antes de decidir lo correcto atraviesa un infierno, el precio finalmente lo pago. En Gone Baby Gone, The Town y Live By Night el protagonista debe vivir con las consecuencias. En The Town una frase define al personaje protagónico: “No importa cuánto cambies, todavía debes pagar el precio por las cosas que hiciste. Así que es un largo camino. Pero sé que nos veremos nuevamente, de este lado o del otro”. Esta mirada de una segunda oportunidad tiene clara connotaciones religiosas, pero acá el camino de la redención debe completarse en esta vida. “Este es el paraíso, aquí mismo. Estamos en él ahora.” dice el personaje de una actriz frustrada devenida en poderosa oradora religiosa que termina admitiendo que no sabe si existe Dios, que ojalá exista.

Sin duda se ven elementos en común entre los cuatro films de Affleck pero también en el material que da origen a Gone Baby Gone y Live By Night, que son dos libros de Dennis Lehane. Se parecen mucho –más allá de las muchas diferencias, claro- los desenlaces de ambos films. La frase de The Town se podría aplicar a ambos films, podría cerrar ambas películas, aunque la marcada diferencia religiosa saltaría a la vista. Como director Affleck prefiere contar historias intensas con un estilo completamente clásico. No asoma ni el más mínimo vestigio de cinismo en su cine, no hay un humor burlón que permita distanciarse emocionalmente. Hay una fuerte moral y convicciones que podrían ser consideradas fuera de moda. Sus películas son sobre la decencia y hacer lo correcto. Bajo el amparo de los géneros la historia conduce por caminos que obviamente no pueden ser tomados literalmente. Live By Night no es un film sobre gángsters, sino con gángsters. Gángsters es el género, los temas son universales y no pueden dejar indiferente a los espectadores. Quien prefiera no verse reflejado en nada, podrá escudarse en el género, pero lo más enriquecedor es buscarse en los dilemas del personaje principal. Lo mismo que ocurría en los tres films anteriores dirigidos por Ben Affleck.

Tan sobrio y tan sólido es el trabajo de Ben Affleck como actor y aun más como director que podría cualquiera caer en el error de no resaltarlo. Como actor ha logrado un estilo al que años atrás parecía no llegaría jamás. Como director es de un clasicismo impecable, a la altura de los maestros del cine clásico de las últimas décadas y claramente por encima de todos los demás directores de narración clásica surgidos en el siglo XXI. La firmeza con la que resuelve cada escena, desde los diálogos a los momentos de acción, lo hacen ver como un director veterano que hace décadas que filma. Aun en su cuarta película me sigue resultando admirable. Y aunque las varias conexiones con cineastas clásicos como John Ford aparezcan, Affleck no permite jamás que estas le ocupen un espacio central, son solo las conexiones subterráneas que le dan más solidez a su cine. El cine es cine por maestros como Ben Affleck.





 

 

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