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EL REY ARTURO: LA LEYENDA DE LA ESPADA, de Guy Ritchie

LA MUERTE DE ARTURO | por Santiago García

Una versión del mundo artúrico sin gracia, diversión o sentido. Una película que carece de rumbo, vacía, lejos de lo que el personaje se merece.



Tal vez El Rey Arturo no sea la peor película del mundo, seguro no lo es, pero es un verdadero ejemplo de cómo se puede producir con mucho dinero y una enorme producción, una película vacía, tonta, carente de sentido y temas. Guy Ritchie no tiene la más remota idea de qué hacer con un material bueno, previamente creado por el talento de otras personas o por una larga tradición cultural. Las películas de época no son lo suyo y toda su fama de director se origina en películas que son puro movimiento, probablemente vacuo también, pero donde el movimiento en sí mismo y el esteticismo eran en sí mismo el sentido de sus films. La gracia de aquellos primeros títulos desaparece en sus nefastas adaptaciones de Sherlock Holmes y ahora con este mamotreto bobo construido en base al nombre del Rey Arturo. Juegos, trampas y dos armas humeantes, Snatch: cerdos y diamantes y, un paso atrás, Revolver y Rocknrolla pertenecen a un mundo cinematográfico que particularmente no me gusta pero al que reconozco como propio del director. En los dos films de Sherlock Holmes se busca conectar al personaje creado por Arthur Conan Doyle con ciertos aspectos estéticos de los films mencionados, y por breves instantes, aun disparatados, se logra. En El Rey Arturo todo es tan forzado, carente de coherencia y fuerza, que en los primeros minutos ya nos damos cuenta que todo el proyecto ha sido un desastre. La maldición del cine es que cuando las cosas salen mal hay que seguir adelante, vender y promover un monstruo sin cabeza por todo el mundo, aun cuando sea una vergüenza para todos los que participaron de ella.

No es condenable, e incluso es saludable, que El rey Arturo: La leyenda de la espada no tenga la más mínima intención de respetar la Mitología Artúrica. De hecho, la propia mitología tiene contradicciones y diferentes versiones a lo largo de los siglos, desde la Vulgata en el Medioevo –que abrevó de una larga tradición oral- hasta el respetuoso Arturo de John Steinbeck o la versión feminista de Marion Bradley y Las nieblas de Avalon. La versión libre no tiene ninguna consecuencia en los resultados artísticos, esto, simplemente da cuenta de que no hay intención de adaptación fiel o cercana. La batalla del inicio, fea en todo aspecto, con efectos especiales muy poco auténticos, se nota que la desmesura absurda e inverosímil (aun para el género, aclaremos) busca acercarse a films como El señor de los anillos pero sin pie estético o moral alguno. Queda claro que nunca se sabe hacia dónde va el film. Ni la posible raíz histórica oculta detrás de las leyendas de Vortigern y Arturo es utilizada o explorada.

Luego veremos a un Arturo criado “en las “calles”, un pícaro, un autodidacta, un marginal que podría haber salido del mundo contemporáneo. Ritchie busca emparentar al personaje con el de sus films, no hay duda y no es en sí mismo algo malo. El problema es que no funciona. El Rey Arturo no es el personaje para que esto sirva, este pastiche no logra obtener identidad ni vida propia. El afán de modernizar la historia y volverla anacrónica no se consigue. Un buen ejemplo de cómo hacer esto bien sería Corazón de caballero de Brian Helgeland, comparar El Rey Arturo con este film es la mejor manera de ver que sí se puede hacer algo creativo, moderno y con buenos resultados. Aunque quiera poner algún chiste, la película de Ritchie está llena de solemnidad en su afán de ser explicativa y llevar a Arturo a terapia más que al mundo de la épica. Las explicaciones son tan tristes y pobres que se vuelven patéticas. Lo que si respetaron fue la presencia de la espada Excalibur, aunque que, mal de males, el momento de la espada en la piedra es posiblemente el menos logrado de toda la película. Hacés un film del Rey Arturo y no podés resolver el momento de la espada en la piedra… no se diga más, la historia no tiene arreglo a partir de ese instante.

Y finalmente la catástrofe estética de toda la película es el uso bobo de flashbacks, flashfordwards, cuya utilidad es nula y solo consigue que sean gags narrativos. Las secuencias de montaje, también son torpes, televisivas, y en un momento vale la pena preguntarse si no le hubiera quedado mejor a esto ser una serie de televisión, tal vez algún día lo sea. Dicen que el plan era hacer seis películas. Es mi esperanza que no pase, pero eso está solo en manos de la taquilla, no depende de opiniones. A veces simplemente las películas salen mal, incluso para sus propios planes, El Rey Arturo es una catástrofe cara, fea, torpe, veremos qué lugar ocupa en la historia.





 

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