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ATLANTA, de Donald Glover

LOS CHICOS DEL BARRIO | por Santiago García

Esta original serie creada por Donald Glover es una de las grandes sorpresas de la temporada. El guionista, actor, productor, director y rapero es una de las personalidades más interesantes de la televisión actual.



La oferta de series, excesiva y caótica, suele moverse por lugares comunes, repeticiones y espacios seguros para mantener a espectadores que ya eligieron que tipo de material desean ver. En ese marco, la originalidad es un valor cada vez más preciado. Pero la originalidad muchas veces lleva a series de una enorme complejidad formal, lo que lleva a los espectadores a un desafío que muchas veces les resulta excesivo. Una obra maestra como Twin Peaks –por ejemplo- o deja de ser un lugar difícil y requiere dos temporadas completas para apreciar completamente la tercera estrenada en el 2017. Ahí es donde entra la serie Atlanta. Esta comedia dramática creada por Donald Glover es una joya de perfil bajo que cumple tanto con la diversión y la ligereza así como también con un tono muy equilibrado y sutil. Como una comedia clásica de Hollywood, juega a moverse con natural sencillez, sin estridencias, como si todo surgiera sin planificarlo.

La serie transcurre en un barrio pobre de Atlanta. El protagonista de la serie es Earn (Donald Glover) un joven que ha dejado la universidad de Princeton, apenas tiene para vivir y donde vivir, sobrevive con un trabajo que no funciona y busca abrirse camino como puede. Tiene una pequeña hija con su ex Vanessa (Zazie Beetz), con quien intenta recuperar la relación, alterna el quedarse en su casa con ir a lo de sus propios padres con quienes tampoco tiene una buena relación. Pero su primo Alfred, Paper Boi (Brian Tyree Henry) comienza a ascender en el mundo del rap y Earn le ofrece ser un manager. Juntos van buscando la manera de triunfar a duras penas en el ambiente. Termina de conformar el cuarteto protagónico Darius (Keith Stanfield) el mejor amigo de Paper Boi, otro gran personaje que le suma humor a la trama.

Qué Atlanta sea una serie con una sorprendente fluidez narrativa no significa que sea estándar o esquemática, todo lo contrario. Su fluidez consiste en que cada episodio es una apuesta nueva que suma a la trama principal pero que accede a ella con una historia o un punto de vista nuevo. El propio Glover, creador y protagonista, no busca ni por un instante convertirse en el foco de toda la atención y entra, sale o directamente no aparece en igualdad de condiciones con el resto del elenco. El clasicismo de Atlanta no está en la superficie, sino en su esencia. Como una buena narración clásica le hace sentir al espectador que esa es la única manera en la que se puede contar la historia. No está hecha para el lucimiento de sus realizadores, sino para que se luzca la historia en sí mismo. Vemos lo que la historia pide, lo que sentimos que la historia pide. Atlanta es una serie que nunca se queda sin aire, que jamás se vuelve rutinaria o repetitiva, que en una temporada arma una estructura de fresco en el cual cada viñeta nos permite entender el todo.

A pesar de ser una serie de una sola temporada con diez capítulos de veintisiete minutos, igual Atlanta actúa como una serie madura. Hasta en eso es generosa, ofrece lo mejor que tiene y descarta todo lo que no tiene valor. Desde la escena inicial la serie logra enganchar y se va moviendo por originalidad y sin mantener reglas fijas. Incluso se anima a un capítulo abiertamente disruptivo, como el capítulo siete, una de esas joyas que solo series legendarias como Moonlighting, Buffy o Los expedientes secretos X se animaron a hacer. Pero no es solo ingenio, ese capítulo sale con toda su energía contra los peligros fascistas de la corrección política a la vez que ensaya una parodia de la cultura negra en Estados Unidos y los medios.

Si, los protagonistas son afroamericanos y desde su universo se narra la serie, pero la serie es tan enorme y compleja que no solo cumple con ser la más lúcida mirada sobre situación actual, sino que la trasciende, como le corresponde a cualquier obra importante. Sí, todas las miradas están ahora puestas sobre la temporada 2. Pero pase lo que pase el objetivo ha sido alcanzado. En una tarde o dos se pueden ver los diez capítulos de esta gran serie, una de las más originales, inteligentes y divertidas de la televisión actual.





 

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