Cine Argentino

Gatillero

Una de las formas en las que con mayor velocidad alguien delata que no sabe nada de cine argentino es cuando dice que todas las películas hechas en Argentina son iguales. Este año, o cualquier otro, muestra un abanico de producciones completamente diferentes. Gatillero (2025) es un drama de acción filmado en plano secuencia, un recurso del cuál no hay tantos ejemplos en la historia del cine mundial y ninguno en el cine argentino, no en este género al menos. Qué no haya sido más exitosa o reconocida es un misterio, porque la forma en la cuál ha sido filmada merece en sí misma un reconocimiento especial. El recurso del plano secuencia que cubre la totalidad del largometraje se ha vuelto más común en los últimos años y realizable sin trucos desde que la tecnología permitió registrar imagen durante esa cantidad de tiempo. Los ochenta minutos de Gatillero tienen elementos de post producción, pero la imagen ha sido tomada en un solo gran plano. Ambicioso y asombroso único plano.

El protagonista de Gatillero es Pablo (Sergio Podeley), un ex sicario quien acaba de salir de la cárcel y está fuera de eje. Roba en su propio barrio y pronto se mete en problemas. Le ofrecen un trabajo que le prometen será simple pero termina sumergiéndolo rápidamente en una noche de pesadilla. Lalo (Matías Desiderio) y Noni (Mariano Torre), dos delincuentes de la zona que trabajan a las órdenes de la Madrina (Julieta Díaz), la persona más poderosa del lugar. El trabajo no es lo que parece y todo se vuelve contra Pablo, que ahora deberá huir por las peligrosas calles nocturnas de la Isla Maciel. No habrá un minuto de respiro y las muchas escenas de tiroteos y persecuciones se narran con el mencionado plano secuencia. Algunos momentos son buenos, otros son absolutamente asombrosos. La habilidad del director y su equipo queda bien clara de una punta a la otra del largometraje.

Este film de acción, bien al estilo del western urbano que tan bien han usado directores como Don Siegel, Walter Hill o John Carpenter, abreva también en la larga tradición pesadillesca de películas como Después de hora de Martin Scorsese o los más ásperos ejemplos del film noir, con un protagonista que debe enfrentarse al mundo mientras busca su propio camino de redención. El conocimiento de los modos y el tono de este tipo de cine quedan bien claros en Gatillero. También se recupera aquí el trabajo de directores como Israel Caetano y algunos films de Pablo Trapero. Acción seca, directa, potente, claustrofóbica. Un trabajo que merece ser destacado. Irónicamente, y como suele pasar, los mejores momentos suelen mezclarse con el hecho de olvidarnos que es un plano secuencia, una paradoja típica del buen uso de este recurso.

La película se pierde cuando pone a un personaje a hablar y expresar sus ideas sociales pero se recupera cuando va hacia la parte final, con el desenlace de la historia. Filmar en plano secuencia es muy difícil, pero más complicado aún es sostenerlo con interés durante toda la película. Aunque se alarga en un par de momentos la narración, la película triunfa por su originalidad pero aún más en su visceral convicción para contar la historia. El director no toca de oído, las calles no se ven como si las hubiera filmado un turista. La película tiene vida y autenticidad. Por encima de todo es una gran película de acción, con un protagonista que enfrenta su calvario primero con confusión, luego con furia y finalmente con la certeza de cuál es su destino y su misión final.