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Tron: Ares

Tron: Ares (2025) es la tercera película de la franquicia iniciada por Tron (1982) y continuada por Tron: Legacy (2010).Evitaremos las comparaciones entre las tres para ahorrar tiempo y poder pasar a otra cosa. La dirección de este largometraje le ha correspondido al realizador noruego Joachim Rønning,  creador de una enorme maravilla llamada Kon-Tiki (2012) y otra buena película, ya en Estados Unidos, como La joven y el mar (2024). También dirigió un par de películas horribles, por lo que llegó más o menos empatada aquí. Su identidad como director, salvo en los dos títulos mencionados, es prácticamente nula.

Tron: Ares tiene al menos dos temas o dos historias. Una es interesante y la otra no. Ares (Jared Leto) un sofisticado programa que es enviado desde el mundo digital al mundo real en una misión muy importante, marcando el primer encuentro de la humanidad con seres de inteligencia artificial. Esa misión encierra un plan siniestro por parte del creador de Ares, Julian Dillinger (Evan Peters) CEO de Dillinger Systems y nieto de Ed Dillinger. Y por otro lado está Eve Kim (Greta Lee), la actual CEO de ENCOM, cuya obsesión es continuar el trabajo de su hermana fallecida y encontrar el Código de Permanencia de Kevin (Jeff Bridges). Mientras que Kim lo busca con objetivos nobles, Dillinger lo quiere para armamentos y para aumentar su propio poder. La madre de Julian, Elizabeth Dillinger (Gillian Anderson), se opone a los métodos de su hijo y la forma en la que usa toda la tecnología a su disposición.


Desde la escena inicial vemos los dos conflictos. Ares está tomando consciencia y empieza tener dilemas existenciales mientras que su creador se opone terminantemente a eso. Eve y Ares están obviamente destinados a aliarse, aunque al comienzo parezca improbable. Qué el guión lo diga no significa que no se adivine en dos líneas de diálogo. El costado existencial de la trama, con citas directas y a la vista de Frankenstein y Pinocho, es realmente interesante. Esos personajes, a los que se les podría sumar el replicante de Blade Runner,  representan las angustias de los seres vivientes y la forma en la que se enfrentan a su creador y a todos los dilemas universales. Pero la película no puede sostener este único drama y le agrega un villano millonario malvado y una heroína para darle batalla. Los conflictos de la IA y del poder mezclados pero sin conseguir verdadero drama o complejidad.

Por supuesto que la película se ve muy bien por momentos. La combinación de negro con fuertes líneas rojas luminosas es muy elegante. Yo elegí esa combinación para mi escritorio gamer y gasté menos plata que esta enorme producción. Es un diseño bonito pero no más que eso. El mundo de Kevin es la antigüedad de los ochenta mejorada al ojo del siglo XXI y no hay más para decir. Lo lindo no es bello y una vez pasado el impacto del diseño ya no pasa nada. Decidir que toda la película derive una espectacularidad desaforada no la ayuda de ninguna manera y la hunde en la medianía sin gracia. No se justifica la presencia del personaje de Bridges aunque sea clave en la trama y tampoco se entiende para qué incluyen a Gillian Anderson en el elenco. Por momentos, pocos, es divertida, y lo visual distrae por momentos. El gran conflicto existencial es tapado por el furor comercial de creer que sin explosiones y edificios dañados no hay película. Al fin y al cabo acá hay un poco de película, pero tampoco mucha.