Cine Clasico

Pistoleros al atardecer

Pistoleros al atardecer (Ride the High Country, 1962) es un auténtico western crepuscular, dirigido por uno de los maestros de ese período de la historia del género, Sam Peckinpah. Es el segundo largometraje del director y su primera película perfecta. Tal vez haya crecido a la sombra de títulos más reconocidos, pero no está mal que así sea, porque es un relato sin pretensiones, sencillo, cuya condición de obra cumbre no la hace ni por un instante pretenciosa. Un western completamente clásico cuyo único atisbo de modernidad está en la época en la que transcurre la historia, a comienzos del siglo XX. El crepúsculo del oeste, en una narración protagonizada por dos gigantes del género, ya veteranos: Joel McCrea y Randolph Scott.

Steve Judd (Joel McCrea) es un ex agente de la ley contratado por un banco para transportar oro desde un campamento minero en las tierras altas hasta el pueblo de Hornitos. Hasta el momento seis mineros fueron asesinados recientemente al intentar transportar un cargamento. Judd ya es un hombre mayor y todo indica que no está pasando su mejor momento. Su ropa está vieja e intenta ocultar que necesita anteojos para leer. En el pueblo se reencuentra con un viejo amigo y socio Gil Westrum (Randolph Scott) y lo recluta para proteger el traslado del oro. Gil, quien se gana la vida en un espectáculo de feria afirmando ser un legendario tirador de primera, suma al grupo a su joven compañero, Heck Longtree (Ron Starr). Judd, que tiene un pasado lejano y diferente, no sabe que su viejo amigo quiere robar el cargamento junto a su nuevo socio, y así los tres se encaminan juntos a la misión. En el camino conocen a un severo hombre religioso (R.G. Armstrong) y su joven hija, lsa Knudsen (Mariette Hartley). La muchacha se suma al grupo en busca de su prometido, que trabaja en las minas.

El western crepuscular puede tener un tono amargo o un revisionismo violento, pero acá Peckinpah elige una melancolía amable mientras recupera el código del cowboy y la moral de los viejos héroes. En los dos protagonistas no están solo dos personajes, sino todos aquellos que formaron parte del western a lo largo de las décadas. Y además, claro, los dos actores y la enorme trayectoria que los precede. Randolph Scott se retiró luego de esta película y Joel McCrea se propuso hacer lo mismo, aunque regresó para unos pocos títulos más años más tarde. Scott simplemente se dio cuenta de que no volvería a tener un rol tan bueno en otra película de esta calidad y se despidió a lo grande. Por el contrario, este es el primer film de Mariette Hartley, una actriz que tendría una larga trayectoria por delante y acá logra capturar la atención, incluso rodeada de leyendas.

Se puede ver en Pistoleros al atardecer algunos detalles de western posteriores, incluyendo otro clásico, Temple de acero (1969) y por supuesto títulos de Clint Eastwood. Es curioso que esta película se haya estrenado el mismo año que El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), el cierre oficial del período clásico en manos de John Ford. El western seguiría siendo exitoso una década más, pero Ford y Peckinpah se dieron cuenta de que toda una época había llegado a su fin. También en 1962 se estrenó El satánico Dr. No (Dr. No,  Reino Unido, 1962) la primera película de James Bond. Salen los cowboys y entran los agentes secretos. Se empieza a ir el western y llega el cine de acción. Los viejos héroes y sus códigos ya no son el interés principal de la audiencia. Pero la película de Peckinpah descubrió que además de captar tan bien la época del cine en la que fue filmada, también, como Ford, entendió que todas las cosas llegan a un fin y que no hay nada más noble que morir con las botas puestas, como se dice. Peckinpah filmaría dieciocho años más, pero su mirada siempre estuvo en esta sensibilidad tan bien plasmada en este clásico absoluto. Uno de los mejores westerns de todos los tiempos, es decir, uno de los mejores films de todos los tiempos.