Cine Clasico

Y Dios creó a la mujer

Brigitte Bardot ha muerto. Nació en París el 28 de septiembre de 1934 y murió en Saint-Tropez el 28 de diciembre del 2025. En la ciudad donde falleció ella se había convertido en una estrella internacional y un sex-symbol inmortal. Cuando en 1956 protagonizó Y Dios creó a la mujer (Et Dieu… créa la femme) dirigida por Roger Vadim, ya llevaba más de una docena de películas en su filmografía, pero el mito cinematográfico se inició con este largometraje. Cuando la fama le llegó como huracán, tenía un puñado de películas hechas ese mismo año, con lo cual los fans tuvieron material de sobra para arrancar con el culto a la mujer que fue considerada la más bella de la historia del cine por muchos. Para comprender la dimensión de la revolución que llevó adelante la actriz, es imprescindible ver esta película. No fue un cambio en su carrera, fue un antes y un después en la historia del cine. Incluso aquellos que no han oído hablar de Brigitte Bardot, están viendo los cambios que se originaron con ella y que explotaron en esta película de 1956.

Juliette Hardy (Brigitte Bardot) es una joven huérfana de dieciocho años, sexualmente muy libre y activa, que vive en Saint Tropez. Eric Carradine (Curd Jürgens), un hombre rico y maduro, se siente muy atraído por ella. Pero Juliette está enamorada de Antoine Tardieu (Christian Marquand), un joven que trabaja en Toulon y es el hijo mayor de una familia humilde que posee un pequeño astillero. Pero Antoine sólo quiere tener una breve aventura con ella. Cuando los padres adoptivos de Juliette deciden, por la mala reputación de la chica, que vuelva al orfanato, el hermano de Antoine, Michel Tardieu (Jean-Louis Trintignant), le propone casarse y ella lo acepta por conveniencia pero luego surge el amor por él. Cuando la familia Tardieu decide vender el astillero a Eric, Antoine vuelve a Saint-Tropez y renace la pasión de Juliette por él. Los tres hombres giran alrededor de la figura de Juliette, víctima y victimaria de una sociedad que ve con malos ojos la libertad sexual de la joven.

La presentación del personaje de Brigitte Bardot, tomando sol desnuda, es el inicio de una película donde cada escena explota la sensualidad y la sexualidad de la actriz. Los hombres enloquecen por ella y ella vive con desenfado su erotismo y el disfrute hedonista de la vida. Todo en Bardot está cargado de sexo, su forma de caminar, de sentarse, de estar parada, de hablar de mirar. Cada escena juega con eso y lo explota sin sutileza alguna. Pero hay que entender que estamos en 1956 y que aunque el cine ya había subido la apuesta de la representación del sexo en la pantalla, todavía no se había avanzado tanto. No era cuestión de mostrar cuerpos desnudos, sino de transmitir sexualidad en cada plano. Los desnudos de Bardot en esta película son más sugeridos que explícitos, pero el poder de seducción de ella es tan fuerte que la idea se instala en la mente de los espectadores.

La Iglesia Católica puso el grito en el cielo y la consideró el símbolo mismo del pecado. En Estados Unidos la película fue furor y los grupos religiosos también dijeron que debían prohibir la película. En algunos países esto finalmente ocurrió. En Hollywood, en 1955, hasta el famoso plano de Marilyn Monroe y su vestido blanco en La comezón del séptimo año (The Seven Year Itch) de Billy Wilder era menos explícito que las fotos publicitarias que se volvieron inmortales. Pero en 1956 también se estrenaron Baby Doll de Elia Kazan y La bomba del Rock and Roll (The Girl Can’t Help It) de Frank Tashlin. Una mirada más exhaustiva encontrará sexo en muchas películas de aquellos años ya sin las metáforas y las insinuaciones de las décadas previas, obligadas por el Código Hays. No sólo Marilyn despertó la sexualidad del mundo, también estaba Sophia Loren. Sin embargo, cuando se estrenó Y Dios creó a la mujer fue como un dique que finalmente no aguantó más. El mundo entero salió a seguirles los pasos a Brigitte Bardot. En un año las imitaciones podían encontrarse por todo el planeta. La prolífica pareja del sexplotation argentino, Armando Bó e Isabel Sarli, arrancó en 1957 y en 1960 estrenaron …Y el demonio creó a los hombres la respuesta de Argentina al film francés. De hecho, sin que esto sea peyorativo para ninguno de los dos directores, Y Dios creó a la mujer tiene un guión y una idea muy parecida a los films de Bó, que vinieron después y claramente tomaron nota.

Los cinéfilos de pura cepa, incluso los enamorados de Brigitte Bardot como sex symbol, dirán que la verdadera obra cumbre de la actriz es El desprecio (Le Mépris, 1963) de Jean-Luc Godard. Otros dirán que su mejor trabajo fue en La Vérité (1962) de Henri-Georges Clouzot. Su estrellato comenzó, de todas maneras, en 1956 y su carrera se cortó de forma abrupta en 1973, donde una anécdota de rodaje la llevó a cambiar el rumbo de su vida. Desde ese año y hasta el final de su vida, Brigitte Bardot fue una potente militante de los derechos de los animales. Es muy significativo que Y Dios creó a la mujer hay varios momentos donde ella manifiesta su amor por los animales.

Aunque los desnudos de la película fueron muy osados para el momento, el broche de oro para instalar el mito sexual está en la escena en la que baila el mambo descalza hacia el final del largometraje. Ya había hecho todo lo que quería hasta ese momento, pero ahí se muestra más libre que nunca. La película hoy puede parecer bastante suave en comparación a todo lo que vino después y también un poco conservadora en muchos aspectos, pero si uno la ve de esa forma hoy, es justamente porque acá empezó a cambiar el mundo. Fue feminista sin proponérselo, porque al final de cuentas lo que eleva a la condición de clásico a este film es ver a una mujer libre moverse en la pantalla y vivir su sexualidad como nunca antes se había visto. Venía un cambio sin retorno y al frente la libertad guiando al pueblo tenía un nombre: Brigitte Bardot.