La mala semilla (Mauvaise Graine, Francia, 1934) es la ópera prima de Billy Wilder. En castellano también se la conoce como Curvas peligrosas y es el único film europeo que dirigió Billy Wilder. El realizador y guionista había nacido en Sucha en el año 1906, en aquel momento parte del Imperio Austrohúngaro. Como todo judío, el avance del nazismo y su llegada al poder, supuso un riesgo para su vida, por lo que abandonó su trabajo como prolífico guionista del cine alemán y se fue a Francia. Alojado allí, compartió sus días como muchos otros miembros de la industria del cine alemana que comenzaban su exilio en Europa pero terminarían en Estados Unidos. Billy Wilder sabía que necesitaba un trabajo rápido y se apresuró a aceptar este proyecto como director. Aunque figura como codirector, Alexander Esway no dirigió ni una sola escena, solo fue el aval para que el proyecto pudiera realizarse.
La mala semilla es una comedia policial, un drama de acción, una mezcla de géneros que a Billy Wilder, también guionista, le sentaría tan bien realizar de ahí en más. El protagonista es Henri Pasquier (Pierre Mingand) un joven mimado, caprichoso y seductor que vive sin compromisos su vida adulta. Su gran pasión es su auto y nada más que pasear con sus amigos y seducir mujeres es lo que le interesa. Pero su padre, un prestigioso médico de acomodada posición social, toma una decisión drástica al sacarle el auto al joven y ya no hacerse responsable de su manutención. En muy poco tiempo Henri dará un mal paso y su amor por los autos lo meterá en un problema que llegará al punto de sumarse a una banda que roba vehículos por las calles de París. Más irresponsable e infantil que malo, Henri entra en un callejón que parece no tener salida.
Billy Wilder decía no haber estado listo para dirigir por primera vez, de hecho tardó ocho años para dirigir su segundo largometraje, esta vez ya en Hollywood. Pero su falta de experiencia se vio compensada por su talento natural y la total falta de presupuesto por la osadía de rodajes en exteriores colocando la cámara sobre los vehículos. La mala semilla es, sin duda alguna, el antecedente más claro de la Nouvelle Vague y en particular de Sin aliento. Las escenas de la pareja protagónica en exteriores manejando, la forma en la que los toma por detrás, los cortes abruptos en el montaje, todo se parece a la ópera prima de Jean-Luc Godard. París filmada como la filmaron directores como Truffaut y los demás integrantes del movimiento que revolucionó el cine. Pero a esto hay que agregarle una acción mejor ejecutada y un sentido del humor al nivel de Billy Wilder. Algo de cinismo, algo de melancolía, ese tono agridulce de su cine se ve claramente en este inicio de su filmografía de seis décadas.
La mala semilla tiene la energía y la velocidad de las mejores películas de la década del treinta y aunque el protagonista es un ladrón aficionado, tiene esa electricidad propia de James Cagney y los gángsters de Hollywood de aquellos años. Cuando Billy Wilder desea hacer comedia, lo hace de manera brillante, cuando se pone pesimista y oscuro, también lo consigue. Los ecos de este largometraje llegan también hasta la franquicia de Rápidos y furiosos, desde su debut Wilder estaba destinado a ser influyente. Como tantos otros talentos, fue la persecución nazi la que lo expulsó a Estados Unidos. Ninguna forma de arte puede crecer en un gobierno nazi y por eso la vitalidad artística y el talento se fueron a Hollywood. Ver hoy La mala semilla es ver como el cine ya estaba listo para dar grandes saltos, pero la oscuridad se fue apoderando de Europa y todo eso se postergó hasta que surgió una nueva generación. Para 1960, año del estreno de Sin aliento, Billy Wilder ya había demostrado que era un genio del cine y contaba con media docena de clásicos imprescindibles en muchos géneros. El puntapié inicial de su filmografía lo hizo en París, regalándole al mundo la que tal vez sea la primera película de la Nueva ola francesa. Billy Wilder no estaba en Francia cuando la película se estrenó, no había margen de error ni tiempo para buscar un nuevo hogar y Billy Wilder lo sabía. El final de la película parece ser una referencia a eso.

