En el Hollywood clásico, cómo en cualquier espacio lleno de reglas, quién lograba hacer una película que cumpliera con algunas cosas básicas, tenía luego un margen para crear una obra de gran calidad. Los géneros tenían reglas estrictas y por lo tanto no era tan difícil entender cuando uno estaba dentro del manual y cuando lo forzaba. Actualmente los géneros se han liberado y las líneas ya no son tan estrictas. Hoy los géneros, en ese aspecto, han sido reemplazados por las franquicias. El objetivo es lograr una gran película dentro de una franquicia, que sepa respetar el material previo pero que ofrezca algo que valga la pena ver por sí mismo. Depredador: Tierras salvajes (Predator: Badlands, Estados Unidos, 2025) de Dan Trachtenberg cumple con estas condiciones y va todavía más allá.
Dek (Dimitrius Schuster-Koloamatangi), un joven y marginado cazador Yautja, es decir, lo que nosotros conocemos como un Depredador, es desterrado por su clan y debe demostrar su valor en un peligroso planeta lejano. Estando allí, encuentra a la androide Thia (Ellen Fanning), de la Corporación Weyland-Yutani, y juntos forman una alianza para enfrentarse a los enemigos. Todo lo necesario para contar una gran historia está ahí. Muchas veces la idea no se convierte en una gran película y termina aplastada por la dirección y el guión. Acá se busca y se encuentra un equilibrio entre la acción, el drama, la comedia, la ciencia ficción y el horror, no en el sentido del género sino de los sustos de varias escenas. En el cine industrial cuanto mejor es una película, más fácil le resulta parecer simple frente a los ojos del espectador.
Es un lugar común decir que cuando una película es buena no parece ser actual, sino que está filmada como las películas de antes. Pero Depredador: tierras salvajes utiliza las reglas de grandes clásicos del género pero no está filmada como una película de otra época. Visualmente es contemporánea, tiene una notable influencia de Spielberg, Cameron y de varios clásicos pero sin verse como sus películas. Cruzada con la era de los videojuegos, la película se ve actual, pero nutrida por los elementos que siempre funcionaron y funcionarán en el cine. Divertida, emocionante, con humor pero sin excesos, con el suspenso y la tensión en su justa medida y sin perderse. Siempre se entiende hacia donde va y no se pierde en cosas absurdas o injustificables. Pertenece al mundo de Depredador (iniciado en 1987) pero funciona como una película total y absolutamente independiente. Mil referencias sutiles la conectan los títulos anteriores y el mundo de Alien, pero son más el marco que el sentido, porque Depredador: tierra salvajes sabe defenderse por sí misma.

