Zootopia 2 (Estados Unidos, 2025) es un descomunal éxito de taquilla producido por Disney, secuela de la película Zootopia (2016). El más frío y calculado mecanismo para hacer películas llevado no a su máxima expresión, pero sí a un alto nivel de efectividad. Cada situación, cada chiste, cada escena, todo está prefabricado para generar una respuesta positiva y pavloviana en el espectador. Tiene un arranque de comedia policial de compañeros, lo que se conoce como buddy movie, al estilo de la saga de Arma mortal y otros tantos largometrajes de ese estilo. En pocos minutos arma un conflicto con humor, acción y cálculo. Al principio esto tiene su efecto, pero con el correr de los minutos se vuelve irritante. Esta forma de hacer cine existe hace años en la industria, pero en estos últimos tiempos podríamos decir que está hecha con un algoritmo. Demagogia algo empalagosa y agotadora. Ya para la mitad de la película no importa nada, sólo queda resolver el caso, enfatizar quienes son los malos y elevar el discurso político de la historia. El éxito de taquilla no tiene que ver con intenciones ideológicas sino con explotar que a los seres humanos les divierte ver animales antropológicos haciendo chistes y jugando con sus propios estereotipos. El perezoso es lento, el zorro es pícaro y así todo hasta lo insoportable. Sí, sí, hay muchas citas a películas y uno puede levantarse y gritar: ¡Entendí esa referencia! Un juego que también sabemos disfrutar los espectadores y que nos distrae un poco del vacío al que nos enfrentamos.
En este mundo de convivencia animal donde casi todos han dejado atrás sus diferencias y conviven sin depredarse, el guión no puede evitar dejar afuera a los no evolucionados. Así que en esa enorme comunión del reino animal los insectos y los peces están excluidos. Las marginadas serpientes piden aquí su inclusión y el último plano al final de los títulos anuncia la llegada de los pájaros. Un ejército de guionistas con inteligencias artificiales y estudios de mercado ya están preparando chistes para una tercera parte. Lo interesante es que estamos en una película con una fuerte carga ideológica muy acorde a los tiempos que corren. ¿Los espectadores disfrutan de esta ideología o solo se dejan arrastrar por la diversión, los chistes y el despliegue visual? Zootopia 2 habla de una sociedad ideal de convivencia donde los únicos que no tienen redención son los miembros de la elite millonaria tradicional. Ellos alimentan el prejuicio contra los diferentes para beneficio propio. La sociedad puede dejar atrás sus prejuicios y sumar los excluidos considerados durante años como una amenaza. Los que logran desenmascarar el plan son empleados del sistema, no revolucionarios. Al final, la redención es posible, excepto para la elite, esos no tienen arreglo ni excepciones. El alcalde, por otro lado, un personaje vistoso con un pelo muy raro, es títere y cómplice por cobardía de esta elite. En resumen, la fábula progresista se basa en los lugares comunes del cine norteamericano de los últimos quince años. Eso la hace menos sorprendente e interesante de lo que podría haber sido. Un film de animación progresista es más valioso cuando navega a contracorriente. Su éxito tal vez sirva para que su discurso llegue al público o tal vez no. El cine ya no es tomado tan en serio, mucho menos el de animación, lo que importa es la venta, una y otra vez.

