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La posesión de la momia

Cuando el cine de terror tuvo su primer momento de gloria allá por la década del treinta en las producciones de la Universal, Drácula y Frankenstein dominaron el juego. Otros personajes, como El hombre lobo, llegaron un poco más tarde pero también alcanzaron fama. A ese trío principal se le sumó una historia diferente pero efectiva, la de La momia (1932) de Karl Freund, protagonizada por Boris Karloff. No era horror gótico puro como el resto de sus compañeras de generación, pero tenía la misma estética expresionista que las otras. Apenas si se asomaban elementos del cine de aventuras, propios de las historias en Egipto. Tuvo sus secuelas y el personaje ya entró en la historia. En la década del cincuenta el Estudio Hammer reavivó la llama y tuvo a Christopher Lee para la película inicial. En Argentina ese imaginario pasó por el programa de catch Titanes en el Ring, donde La momia fue uno de los personajes más queridos. Tanto que se volvió ambigua en su condición de villano y héroe. Su contrapartida fue La momia negra. Las momias formaron parte de la historia del cine, pero en 1999 Stephen Sommers logró un giro exitoso al convertir todo ese mundo en cine de aventuras clásico. Brendan Fraser y Rachel Weisz protagonizaron dos películas excelentes, las únicas valiosas de este regreso. Una rara versión de 2017 con Tom Cruise pasó sin mayor interés, porque las mezclas no funcionaron del todo, aún cuando su inspiración venía de otras fuentes. El regreso de la franquicia de aventuras confirma que el personaje sigue el camino de la aventura y entonces esta versión 2025 no tiene otra opción que aclarar que es otra cosa. Por ese motivo el título original de La posesión de la momia es Lee Cronin´s The Mummy. Y sí, aunque tenga un contexto que se acerca al imaginario de las aventuras, la película es de terror.

La película, y sus no disimuladas conexiones con El exorcista (1973), empieza en El Cairo, cuando la hija de un periodista americano que vive allí con su familia desaparece misteriosamente sin dejar rastro. A pesar de la búsqueda, no aparece. Ocho años más tarde la familia ha vuelto a Estados Unidos, con el hijo varón y han tenido una nueva niña. Hasta que reciben un llamado de Egipto diciendo que la niña, ahora adolescente, ha aparecido. La alegría inicial se tuerce cuando la niña, en muy mal estado, presenta síntomas de alteraciones graves en su comportamiento, además de la apariencia física. Todo indica que ha sido parte de algún tipo de ritual vinculado con momias. De regreso a Estados Unidos empieza la pesadilla.

Lee Cronin mezcla el suspenso con el más intenso gore y crea una mezcla de tonos que funciona a veces, pero no siempre. La intensidad del sufrimiento de una joven siempre es más perturbadora y la película lo sabe. Aunque no es que le sobren escenas, la película tiene una duración algo excesiva para el género. Los saltos de terror y sangre entretienen pero no alcanzan, aún cuando en el promedio siga siendo una película con personalidad y estilo. El personaje de la momia pertenece a dos géneros, claramente. La posesión de la momia pertenece a uno de ellos, el terror, y lo deja bien claro.