La odisea, el famoso poema griego atribuido al poeta Homero, es una de las obras fundamentales de la narrativa universal. Sus ramificaciones llegan al presente y atraviesan los siglos, pasando por la literatura, el cine, la televisión, la historieta, el videojuego y la música. Incluso quienes no saben de su existencia disfrutan de alguna obra posterior que se ha inspirado en La odisea. Desde una canción de Joan Manuel Serrat a un episodio de Los Simpson, Homero, valga el chiste, siempre está. Otras películas como The Searchers o ¿Dónde estás hermano? evocan de una u otra manera el viaje de Odiseo. Una nueva adaptación es una oportunidad de lujo para revisar este clásico de clásicos y también para leer a los expertos aportar los conocimientos sobre el texto original. Como siempre, frente a una película, la palabra final es lo que está en la pantalla, no los prejuicios ni las comparaciones, aunque sean un ejercicio muchas veces divertido.
Odiseo (Matt Damon) el famoso rey griego de Ítaca ha combatido en la guerra de Troya y el largo camino a casa se ha vuelto una tarea titánica de años. Mientras busca regresar a su hogar junto a su mujer Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland) él y sus soldados se enfrentan a todo tipo de obstáculos, cruzándose con seres míticos, así como también el castigo o la protección de diferentes dioses. El tiempo pasa y los pretendientes de Penélope le piden que dé por muerto a su marido y vuelva a casarse. La larga espera está llegando a su fin y todos los caminos conducen hacia esa cuenta regresiva. ¿Logrará Odiseo volver a su hogar a tiempo? ¿Podrá Telémaco volver a ver al padre que apenas conoce? ¿Conseguirá Penélope el equilibrio para no perder el reino y al mismo tiempo ser leal a su marido? Conflictos claros y concretos para la historia base de lo que hoy todos conocemos como una road movie. Incluso el borrador de lo que también llamamos rescate de último momento, la esencia misma de algunas de las reglas del lenguaje cinematográfico.
Christopher Nolan es conocido por la manera original y levemente compleja en la que arma sus narraciones. Los saltos temporales y el desorden en la cronología han sido casi una marca de fábrica desde Following (1998) y Memento (2000). Acá estamos frente a una de sus películas más clásicas, dónde las alteraciones temporales son fáciles de seguir y obedecen a la manera en la cuál los personajes reconstruyen sus historias. Algunas de las cosas que no se describen de forma minuciosa en el libro La Odisea son agrandados con lujo de detalles. Justamente el famoso Caballo de Troya es mencionado en relatos dentro de La Odisea y esa es una gran excusa para hacerlo igual en la película, pero extendiendo mucho más la trama. Como ocurre con la adaptación de los clásicos, gran parte de la diversión es ver como resolvieron algunos puntos cruciales del texto original. El Caballo de Troya, el cíclope, las sirenas, todas cosas que vale la pena ver una y otras vez en distintas adaptaciones. La Odisea de Christopher Nolan no defrauda para nada en ese aspecto.
También hay algo en lo que la película gana de forma clara y es en el uso mínimo e imperceptible de los efectos visuales, es decir en los que se hacen en postproducción y hoy generalmente son puro trabajo digital. La película usa todos los efectos especiales, es decir en rodaje, que puede y se posee esa fisicidad hoy casi perdida en el cine. Todo se ve muy real en cada escena y es un verdadero placer, más aún tratándose de una película de fantasía. Cada uno de los grandes momentos se vuelve aún más impactante debido a esto. Escenas inolvidables con destino de clásico. Algunas mejores que otras y postergando la acción más fuerte para dosificarla a partir del segundo tercio, poniendo todo en la parte final, como corresponde al clímax en las buenas historias.
Un elenco gigantesco suele servir para convocar en la taquilla. No todos están al mismo nivel y la mayoría de los actores que parecían importantes tienen una participación pequeña, claramente era para sumar espectadores. Pero el que carga todo sobre sus hombros es Matt Damon. Un enorme actor que sufre el destino de los actores serios, eficientes y sobrios. No busca premios y por lo tanto no los encuentra. Mejor para la película, pero su Odiseo es de lo mejor que ha hecho y se agradece que haya caído en él la responsabilidad. Luego, entre varios, John Leguizamo como, Eumeo, el porquero sirviente de Odiseo, realiza uno de esos trabajos que deja en claro que lo único que importa del casting de una película es que los actores cumplan con su rol de la mejor forma posible.
Los temas del libro viven a pesar de la espectacular producción. El regreso al hogar, los sacrificios y las pérdidas de la guerra, la lealtad y la memoria, todo eso que también está en el corazón de La Odisea. El héroe que tiene su inteligencia como mayor recurso y la convicción que le permite nunca abandonar su objetivo. El respeto por los muertos y la humildad frente a los dioses, temas algo antiguos para algunos, pero siempre vigentes para el ser humano. Aunque se trata de una versión cinematográfica con todas las licencias que debe tener una película si desea ser una obra independiente, queda en claro que todo lo narrado es el origen de muchas cosas que disfrutamos hoy. Desde nuestra película favorita a nuestro videojuego más querido, todos han pasado por las ideas de La Odisea. En algún aspecto, y en lo que a contar historias se refiere, ver La Odisea (2026) de Christopher Nolan es como volver a casa luego de un largo viaje por las historias que han marcado nuestras vidas.

