Un género muy usado: el sicario veterano al borde del retiro que es arrastrado de nuevo al oficio. Eso ofrece El maestro del crimen (Old Guy, 2024) y parece asumirlo sin pudor. Danny Dolinski (Christoph Waltz), asesino a sueldo que sigue creyéndose el mejor, es reclutado por la Compañía para entrenar a Wihlborg (Cooper Hoffman), un prodigio de la Generación Z con más actitud que oficio, dotado de un talento indiscutible pero dudoso en su disciplina. El planteo del mentor obligado a convivir con el alumno desordenado tampoco es novedad, pero sirve de excusa para encadenar tiroteos, chistes generacionales y algo de crítica social liviana sobre el recambio etario en el negocio del crimen.
Dirige Simon West, especialista de toda la vida en acción sin demasiadas pretensiones pero con películas aceptables (Con Air, Tomb Raider, Los indestructibles 2), y aquí filma con el manual de la comedia de acción post Tarantino y post Guy Ritchie: diálogos ingeniosos entre asesinatos, humor negro, violencia estilizada y un tono que aspira a ser cool sin comprometerse del todo ni con la sátira ni con el thriller. Es una fórmula que ya vimos, y mejor resuelta, en muchos títulos y que ya se ha vuelto un lugar común. Al parecer sólo los asesinos a sueldo pueden ser los héroes en el presente.
Waltz es, previsiblemente, lo único que sostiene el conjunto: su inconfundible estilo le da clase a todo el conjunto. Lucy Liu ocupa un lugar secundario pero funciona y Hoffman logra construir una contracara aceptable frente al veterano. La trama avanza sin sobresaltos hacia un final tan previsible como irrelevante. Es como si desde su concepción la película hubiera sido pensada para el efímero consumo hogareño. Destino de olvido prácticamente asegurado.

