Peliculas

El heladero

Eli Roth es un director raro, beneficiado por el culto a su obra y su vínculo con Quentin Tarantino, asociado principalmente al cine de terror. Y dentro del terror, su variable más gore, el splatter. La cabaña sangrienta, Hostel, Hostel 2, El infierno verde, Viernes negro y ahora El heladero, son la parte gore de su obra y a la que siempre estará asociado.  Como todo referente de un género, mantenerse vigente depende no solo de su propio talento para producir más películas, sino también de la evolución de ese tipo de cine en general. El heladero se ve afecta por muchas cosas y una de ellas es que ya ha sido alcanzada y superada por otras películas antes de su estreno. El heladero podría haber funcionado mejor hace unos años, pero hoy tenemos demasiados largometrajes que han pasado por ese camino y eso termina con sus ya de por sí limitados méritos.

El heladero del título aparece en un pueblo tranquilo, feliz, sin aparentes problemas. Los helados que le da a los niños producen en ellos un instinto asesino irrefrenable que producen de forma casi inmediata una masacre en el lugar cuando comienzan a atacar a los adultos. La película, de duración breve, pasa al gore de forma inmediata y tira todas las escenas más shockeantes al comienzo. Como todo gore, bordea la comedia, pero a diferencia de otras películas de Eli Roth, aquí lo hace de forma manifiesta. El universo infantil multicolor e inocente, golpeado por un festín de sangre y asco completamente desatado. La película no logra darle a esa velocidad la cadencia adecuada para conectar y es todo más bien torpe narrativamente hablando. Ideas tiene, pero su ejecución se ve apresurada.

Gran parte de la fuerza que una película así tiene radica en que los niños, habitualmente asociados a la inocencia y considerados inofensivos, se vuelven máquinas de matar, seres diabólicos. Películas como El pueblo de los malditos (1956) dieron cuenta del impacto de mostrar a los pequeños como villanos. El propio Eli Roth se ha declarado fan de la obra cumbre de ese recurso, ¿Quién puede matar a un niño? (España, 1976) de Narciso Ibañez Serrador. Pero incluso el año pasado se estrenos La hora de la desaparición (Weapons, 2025) de Zach Cregger, película que logra eso que El heladero no puede lograr en su justa medida.

Eli Roth intenta, tampoco lo logra del todo, que la película juegue a la comedia. Para eso se reserva un papel y un chiste sobre sí mismo, además de una serie de citas a otros largometrajes, siendo la que le hace a Los pájaros (1963) de Alfred Hitchcock la más subrayada pero también más ridículamente cómica. El heladero no es tan terrible, pero expone demasiado sus falencias y eso la hace víctima fácil de un exagerado escarnio.