Jane Schoenbrun es una directora no binaria que, según sus palabras, realizó su transición de hombre a mujer mientras escribía el guión de Vi el brillo del televisor (I Saw the TV Glow, Estados Unidos, 2024), algo que no es un dato menor a la hora de ver dicha película. Su mezcla de climas enigmáticos con exceso de pretensiones producía interés y a la vez agotamiento. En Adolescencia, sexo y muerte en Camp Miasma (Teenage Sex and Death at Camp Miasma, Estados Unidos, 2026) ambas cosas vuelven a aparecer, pero con un toque más narrativo que la hace no solo más tolerable, sino también mejor película. Aún así, se trata de una realizadora que fluctúa entre la complejidad y la obviedad sin medias tintas. El título, claro, explica toda la película y la ubica sin duda alguna en el cine de terror slasher. La química del dúo protagónico se encarga de llevar la película a buen puerto.
Kris Williams (Hannah Einbinder), una joven directora queer, recibe el encargo de resucitar Camp Miasma, una franquicia slasher que años de secuelas y de reciclajes dejaron sin público ni prestigio. Convencida de que el hallazgo está en el origen, busca a Billy (Gillian Anderson), la intérprete de la final girl de la película original, ahora recluida y fuera del medio. Billy vive recluida en Camp Tivoli, el campamento abandonado donde se filmó la serie, rodeada de recuerdos de la franquicia y convencida de que Little Death, el asesino de las películas, sigue merodeando por el lago. El encuentro entre las dos mujeres produce un vínculo de seducción, deseo y también miedo, que pondrá en riesgo todo el proyecto y, tal vez, la vida de la propia directora.
La película es un ensayo sobre el vínculo entre el sexo y los asesinatos en el cine de terror slasher. Cualquier que conozca el género sabe que la sexualidad adolescente y el asesino van de la mano y sobre eso reflexiona la película. Por momentos la obviedad domina la historia, por momentos parece que tarda una identidad en llegar a algún lado, pero en otras escenas la historia alcanza niveles de misterio y belleza completamente distintos a todo lo que se puede ver habitualmente. Es posible que el clima sea más sólido que la narración, pero en cualquier caso se termina justificando el atravesar la experiencia. Como una especie de Sunset Blvd. (1950) del slasher intelectual, la relación entre las dos protagonistas se adueña de la historia. Y no se puede negar que ver a Gillian Anderson en ese papel es también lo que más atractivo produce. Adolescencia, sexo y muerte en Camp Miasma tiene vida propia y cualquier fanático del cine de terror deberá incluirla en su lista de rarezas y excentricidades.

