El regreso (The Return, Italia/Grecia/Estados Unidos/Reino Unido, 2024) de Uberto Pasolini, se estrenó antes que La Odisea (The Odyssey, 2026) de Christopher Nolan, pero la mayoría de los espectadores del mundo terminó viéndola después. Es una de las paradojas de la distribución de cine: una película anterior que el gran público conoce como respuesta o contrapunto de la superproducción. Conviene ver a Pasolini por lo que es y no como una alternativa menor y no tomarla como un intento de subirse al éxito de Nolan.
La diferencia estética entre ambos títulos es más que evidente. Donde el cine épico contemporáneo tiende a la escala, la espectacularidad y el gran espectáculo, Pasolini elige la austeridad: paisajes áridos, una luz sin embellecimiento, interiores precarios y un mundo antiguo que parece mucho más real y menos creado para el cine. La mitología queda en segundo plano, y lo que se ve es un territorio donde la guerra dejó cicatrices y donde los hechos que aparecen son completamente plausibles en la vida cotidiana, incluso para el más famoso de los héroes antiguos.
La película, además, no pretende abarcar toda la epopeya. Se limita a una parte del relato, el regreso concreto a Ítaca, y esa decisión es su mayor acierto. Sin peripecias marinas ni monstruos, el foco se desplaza hacia lo que Homero reserva para el final: un hombre irreconocible que vuelve a un hogar que ya no es el que dejó, con un hijo criado en su ausencia y una esposa asediada por los pretendientes. Qué la película tome solo la última parte de la historia e igualmente dure dos horas, indica hasta que punto los cineastas han hecho milagros para condensar a Homero, incluyendo, claro, a Christopher Nolan.
Un tono general sin estridencias es lo que atraviesa todo el film. Ralph Fiennes compone un Ulises golpeado, silencioso, cargado de culpa y agotamiento, lejos del héroe astuto de la tradición. Juliette Binoche, como Penélope, sostiene con contención y firmeza una espera que es también resistencia. Él consigue un trabajo mucho mejor que el de ella. Pero a la vez el reencuentro en pantalla de ambos, treinta años después de El paciente inglés (The English Patient, 1996), aporta una capa extra emocional que la película administra con inteligencia, sin subrayados. Los espectadores que no hayan visto aquel largometraje, no percibirán esto.
El regreso es una adaptación seria, personal y coherente con su propuesta. Frente a la grandilocuencia, ofrece la fuerza de lo mínimo, y el resultado es una de las lecturas más sinceras que dio el cine reciente de la historia de Homero. Confirma, además, que la obra del autor griego es absolutamente inagotable. Una y otra vez el cine lo comprueba y nos lo comparte. Dos buenas películas sobre La Odisea en el mismo año, diferentes entre sí, es la prueba irrefutable de esto.

