Cine Clasico

El gran asalto al tren

El gran asalto al tren (The Great Train Robbery, Gran Bretaña, 1978) es un largometraje dirigido por Michael Crichton, basado en su propia novela. Exitoso novelista, guionista y director, Crichton es mundialmente famoso por ser el autor de Jurassic Park, la película de Steven Spielberg que batió récords de taquilla e inició una de las franquicias más exitosas de la historia del cine. Pero Crichton también es el creador de la serie E.R. (1994-2009), donde utilizó todos sus conocimientos de medicina adquiridos al realizar la carrera de Harvard. Como director su filmografía es también importante: Westworld (1973) y Coma (1978) fueron las dos películas previas a El gran asalto al tren.

Edward Pierce (Sean Connery) es un experto ladrón de mediados de siglo XIX que se codea con lo más alto de la sociedad inglesa. Su nuevo plan es robar un cargamento de oro del tren de Londres a Folkestone, destinado a pagar a las tropas británicas que luchan en la Guerra de Crimea. Dos pesadas cajas fuertes en el vagón de equipajes custodian el oro, cada una con dos cerraduras, lo que requiere un total de cuatro llaves. Para lograr su objetivo, Pierce recluta al carterista y estafador Robert Agar (Donald Sutherland). Su amante, Miriam (Lesley-Anne Down) y su chófer, Barlow (George Downing), se unen a la trama, y ​​el guarda del tren Burgess (Michael Elphick) es sobornado para que participe. El robo de las llaves no puede ser descubierto por nadie, por lo cuál deben ser copiadas sin que nadie lo note.

Si bien Crichton es famoso por sus novelas de ciencia ficción y fantasía, acá realizó una historia de época sin ningún tipo de elementos fantásticos, basándose incluso en un robo real de 1855. Para 1978, otro gran robo, el más famoso de todos los tiempos, había ocurrido en 1963, por lo cuál la película fue publicitada agregándole la palabra “primer” a gran robo del tren del título. A diferencia de la novela, el autor decidió adaptarla en tono de farsa, agregándole humor a la trama, para hacerla más ligera. Sin duda es una historia más ligera que las historias que dirigió previamente en cine. El elenco entendió perfectamente el tono y nadie podría imaginar este largometraje como algo más oscuro o dramático.

Un robo a un tren en movimiento era una verdadera rareza y la película tenía que mostrar que era algo inédito, como dicen los personajes. Por lo cual el propio Sean Connery hizo sus escenas de riesgo subido al techo del tren, que no iba tan lento como le habían prometido al actor. Algo parecido ocurrió con el bailarín Wayne Sleep, quien interpreta a William “Clean Willy” Williams, experto escapista que debe huir de su ejecución en una peligrosa trepada a los muros que lo tienen atrapado. Este pequeños detalles realistas fueron debidamente publicitados y se notan en la película, dándole un costado de aventura extra a esta comedia de ladrones de guante blanco.

La película fue un razonable éxito de taquilla pero ha pasado a ocupar un espacio menor en la filmografía de sus dos protagonistas. Comparte título con el gran clásico del cine silente Asalto y robo al tren (The Great Train Robbery, 1903) de Edwin S. Porter, demostrando que los trenes y los robos han sido siempre un material extraordinario para el cine. La película de Michael Crichton merecería un poco más de fama, pero no hay tantos elementos para convertirla en un largometraje de culto, más allá de algunos detalles divertidos y brillantes y el encanto de un dúo protagónico enorme. Robos en el cine, robos de trenes, ladrones que son héroes populares, todas las categorías a las que pertenece esta película y en las cuales debería ser tomada como referencia.