“Exactamente igual que el David W. Griffith, el director de El nacimiento de una nación daba en cada plano la impresión de inventar el cine, cada plano de El hombre del Oeste da la impresión de que Anthony Mann reinventa el western. Digo bien reinventar o, dicho de otra forma, mostrar a la vez que demostrar, innovar a la vez que copiar, criticar a la vez que crear; en una palabra, El hombre del Oeste es un curso al mismo tiempo que un discurso, o la belleza de los paisajes al mismo tiempo que la explicación de esta belleza, el misterio de las armas de fuego al mismo tiempo que el secreto de este misterio, el arte al mismo tiempo que la teoría del arte… del western, es decir, del género más cinematográfico del cine, si se me permite expresarme así; de suerte que, en definitiva, se encuentra con toda sencillez que El hombre del Oeste es una admirable lección de cine, y de cine moderno.” Jean-Luc Godard, Cahiers du Cinéma, número 40.
Cuando se estrenó El hombre del oeste (Man of the West, 1958) de Anthony Mann, protagonizada por Gary Cooper, la crítica fue más bien tibia y el estreno no fue tan espectacular, seguramente porque no le tenía fe el estudio a la película que tenía entre manos. Sin embargo funcionó bien en la taquilla y en Europa sí recibió el tratamiento de obra maestra que se merece, con Jean-Luc Godard a la cabeza en la crítica citada arriba. Tanto el director Anthony Mann, como la estrella, Gary Cooper, estaban al final de sus carreras. Ambos murieron a los sesenta años, Cooper en 1961 y Mann en 1967. El western ya había entrado en su etapa de mayor complejidad y este es uno de esos films que pueden calificarse de crepusculares a la vez que ya anuncia las claves del revisionismo que llegaría en la década siguiente apoderándose del género. Aunque John Ford, como siempre, se había anticipado en la mirada oscura con The Searchers (1956) Anthony Mann encuentra aquí la culminación de los films que realizó junto a James Stewart. Esos cinco largometrajes que empezaron con Winchester 73 (1950) y culminaron con The Man from Laramie (1955) marcaron la búsqueda del realizador de convertir al héroe en un personaje más oscuro y torturado. El motivo por el cuál El hombre del oeste está protagonizada por Gary Cooper es que el productor tenía contratado al actor antes de que el director se sumara al proyecto. Cuánto habrá cambiado el guión a partir de la llegada de Anthony Mann no lo sabemos, pero a juzgar por el resultado parece una película hecha a su medida.
Un cowboy llega a un pueblo. Deja su caballo para que lo cuiden, se cambia, guarda en el equipaje una bolsa llena de monedas y también su revólver, luego va a la estación de tren para viajar a Forth Worth, Texas. La bolsa es para pagar un año de sueldo adelantado a una maestra que Link busca contratar para llevar al lugar donde vive. Pero el breve paso por el pequeño lugar ha llamado la atención del sheriff que parece reconocerlo. Sube al tren y allí entabla conversación con Sam Beasley (Arthur O’Connell) un jugador que ha sido expulsado del pueblo. En el mismo vagón viaja Billie Ellis (Julie London), la cantante del bar del pueblo, que se ha cansado del lugar. Sabiendo que hay dinero de por medio, Sam presenta a Billie y a Link, y le dice que ella podría ser una buena maestra de escuela. Cualquier plan que tuvieran entre manos se ve alterado cuando el tren es asaltado y los tres personajes quedan al costado del camino cuando éste retoma su marcha. En el medio de la nada, sin embargo, Link parece saber a dónde ir. Cerca está la guarida de la que fue su banda, incluyendo su tío, que lo crío. Link, que ahora es un hombre recto, supo ser un delincuente despiadado.
El hombre del oeste tiene un protagonista atormentado como otros westerns de Mann. Aunque la nueva comunidad lo ha aceptado como es y cree en su redención -por eso le han dado el dinero para que busque a la maestra- el reencuentro con su pasado altera la vida honesta que ha decidido llevar. La banda al comienzo no lo reconoce, porque son más jóvenes, pero cuando aparece el líder, el anciano Dock Tobin (Lee J. Cobb) reconoce al joven que él crió para ser un asesino y un ladrón. Atrapado junto con la mujer y el jugador, Link tiene que intentar sobrevivir a la banda y protegerlos a los dos cautivos que lo acompañan. La única opción que le queda es formar parte de un gran golpe que el viejo ha soñado realizar asaltando el banco en un pueblo llamado Lassoo. A medida que pasa el tiempo los hombres desean atacar sexualmente a la mujer y Link debe fingir que está con ella para evitarlo. La violencia física y psicológica de la película es mucho más explícita que la de los otros exponentes del género de aquellos años. Incluso hoy resulta perturbadora. La angustia del personaje central que entiende que la única forma de dejar atrás su pasado para siempre es convertirse nuevamente en uno de ellos va creciendo. Al mismo tiempo la pregunta que surge es sí luego de eso podrá una vez más corregir su camino.
En muchos aspectos El hombre del oeste es un film revisionista, incluso en su título juega bien esa carta. Pero a la vez es un título crepuscular. A punto tal que es casi un western fantasmagórico. No es sólo que el oeste llegó a su fin, sino más bien que los que viven en ese mundo se han transformado en fantasmas, en espectros que deambulan por un mundo que ya no les pertenece. No son pocos los que han visto una conexión entre esta película y Los imperdonables (Unforgiven, 1992) de Clint Eastwood. Es evidente que ambos films tienen elementos en común, lo que debe ser tomado como un elogio para ambos. El final de El hombre del oeste es otro de los legendarios duelos ásperos, enredados y rodeados de piedras como el de Winchester 73, donde dos miembros de una familia pelean a muerte. El paisaje en Mann expresa la psicología de los personajes. En este largometraje la puesta en escena es particularmente sublime, lo que lo convierte en uno de los westerns mejor filmados de la historia. Gary Cooper, ya mayor, es la metáfora perfecta de un cowboy que quiere salir de ese mundo para entrar en la siguiente etapa. Pero como los héroes fordianos de la frontera la pregunta es: ¿A cuál de los dos mundos pertenece?

