Sherlock Holmes, el personaje creado por sir Arthur Conan Doyle en 1897, es una de las figuras de la cultura popular más famosas y vigentes de la historia. Tiene su propio museo en Londres y se hacen retrospectivas sobre su figura como si realmente hubiera existido. El cine y la televisión no han sido ajenas a este fenómeno y Holmes es uno de los personajes más veces adaptado a la pantalla grande, la chica, los escenarios, la historieta y la literatura. Cientos de pastiches imaginaron e imaginan aventuras del gran detective de Baker Street. A esa larga e inagotable lista se suma ahora la serie El joven Sherlock Holmes (Young Sherlock, Reino Unido, 2026) cuyos primeros ocho capítulos anuncian ya que intentará ser una serie de largo aliento. Hablando de adaptaciones la serie no tiene inspiración directa en Conan Doyle sino que se basa en los libros de Andrew Lane, quien con autorización de los herederos del autor de Sherlock Holmes escribió una serie de novelas imaginando al personaje en su juventud. Detrás de la adaptación a la pantalla está el director Guy Ritchie, el que en el 2009 y 2011 realizó dos películas sobre Sherlock Holmes. Ritchie participó del desarrollo de la serie y dirigió dos episodios.
Sherlock Holmes todavía no es el gran detective que todos conocemos, estamos en el año 1870 en la Universidad de Oxford y allí ocurrirán la mayoría de los eventos de esta primera temporada. Es un joven más bien pícaro e indisciplinado y no tiene mucha de las características que más tarde definirían al personaje. Está en Oxford porque lo ha ayudado su hermano Mycroft a que le den un lugar. Ese lugar no es de estudiante, sino de empleado, más específicamente de portero. A pesar de estar un paso por detrás de la elite del lugar, su inteligencia y osadía lo harán codearse rápidamente con las personas más importantes. Y antes de que nos demos cuenta termina descubriendo una conspiración enorme al ponerse a investigar una muerte que será su primer caso. Su mejor amigo y socio en esta aventuras, no es el famoso doctor Watson, sino su futuro enemigo, el mismísimo James Moriarty. Es un recurso muy ingenioso, pero también le pone una cuenta regresiva a nuestra paciencia. ¿Cuándo se convertirán en enemigos mortales?
Es notable la diferencia entre esta serie y la película de 1985 El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes) dirigida por Barry Levinson y producida por Steven Spielberg. Era un guión original de Chris Columbus y aparecía la figura de Watson, aunque ambos eran adolescentes. El villano aparecía pero no era amigo de Holmes, de hecho era más adulto y ocultaba su nombre hasta la famosa escena final. En la serie se anuncia poco a poco que los personajes tienen diferencias pero no se termina de resolver. Esa espera puede resultar irritante al final de la temporada pero es parte del encanto al comienzo de la misma. En lo estético Guy Ritchie no hace abuso de los recursos visuales que lo hicieron famoso en los dos capítulos que dirige y la serie, chiste más, chiste menos, se maneja de forma razonable, sin forzar tanto la estética. Al principio puede sonar un poco irrespetuoso el tono de la serie, pero es lo suficientemente divertida como para imponer sus propias reglas. Aunque todos se acercan a verla por el personaje Sherlock Holmes, es justo permitirle que haga su propio camino. La serie es incluso más cercana que las películas con Robert Downey Jr. y Jude Law dirigidas por Guy Ritchie, que al acercarse más al personaje que conocemos exponían más las libertades que se tomaron con estos largometrajes. Lo más osado y polémico acá es el énfasis que se le pone a la familia de Holmes. Ese pasado del que no se sabe nada en los libros acá es un entramado familiar metido en el corazón mismo de la conspiración que Sherlock descubre. Irónicamente, irrita que el último episodio no nos de el motivo definitivo de la enemistad entre Holmes y Moriarty, pero más inquieta pensar que la serie se cancele antes de que se resuelvan todos los conflictos familiares, no solo criminales. No pertenece al canon de Sherlock Holmes, pero eso a los fans no los detiene, porque no existe tal cosa como demasiadas adaptaciones del gran detective de Baker Street.

