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Happy Gilmore 2

Happy Gilmore (1996) es uno de los grandes clásicos de la comedia de todos los tiempos. Si cada cómico importante debe figurar en la historia con su película más representativa, sin duda Adam Sandler debe ser presentado con esta historia de un jugador de hockey frustrado que descubre un talento insólito para jugar al golf. Esto es un dato, no una opinión, como se suele decir. habrá quién admire más o no a Adam Sandler, pero su importancia está fuera de toda discusión. Billy Madison y Happy Gilmore son las dos películas que forjaron su carrera. No por nada su productora cinematográfica se llama Happy Madison, la mezcla de ambos clásicos. La carrera del actor luego se diversificó entre títulos más serios o artísticamente más ambiciosos y algunas comedias más sensibleras alejadas de la virulencia hermosa de su cine más puro. Como a todo gran cómico, la teoría de autor se le aplica a él y no a los directores con los que trabajó. La excepción son las películas mencionadas arriba, es decir Embriagado de amor (2002) y Diamantes en bruto (2019). Es decir que cuando se acerca a Happy Gilmore 2 no lo hace pensando, ni por un segundo, en quien la dirigió. La esperanza es que sea un largometraje de Adam Sandler en el sentido más autoral del término.


No hay que mantener el suspenso donde no corresponde. Esta secuela es muy buena. El terror que solemos sentir actualmente frente a las continuaciones, no debe aplicarse aquí, donde estamos en un terreno seguro, con una película hecha al estilo del cómico y con respeto al personaje. ¿Sólo es para los fanáticos de la película y Sandler? Si es así, somos millones. Se puede ver esta segunda parte sin tener muy presente la primera, pero yo no lo aconsejo. Ver y disfrutar nuevamente del largometraje de 1996 y luego disfrutar de esta parte 2 del 2025. Muchas veces las secuelas consisten en resolver problemas de cómo hacer encajar todo una vez más. En ese esfuerzo se va la energía y las películas son valoradas o despreciadas solo por ese trabajo. No es el caso de Happy Gilmore 2, dónde se entiende el tipo de humor original y se lo repite, con los gags más absurdos, los más negros y también con la personalidad de su protagonista, que se nota feliz y convencido en este regreso al origen.

Adam Sandler es un cómico que cree en la familia. Aunque no tiene nada de malo ser un cómico que tenga esa idea del mundo, aquí se disfruta y se aprovecha al máximo. Hay tres niveles de ese amor por la familia: el del guión, claro, el del elenco de amigos que aparecen haciendo roles grandes o apariciones breves (no los mencionaremos a todos, pero están casi todos) y finalmente el de la familia real de Adam Sandler en roles importantes en la trama. El clásico personaje con problemas de control de ira que el cómico suele hacer, está siempre conectado con sus amigos y su familia que lo equilibran, lo ayudan y finalmente le permiten salir de ese laberinto de violencia que poseen. Un cómico es un actor que ha creado un gran personaje de base y luego explora pequeñas variaciones de este. Eso han hecho los cómicos desde el cine silente hasta el presente. Sandler lo aplica perfectamente. Es más, cuando lo alejan de eso es cuando ponen en riesgo todo el sistema. Hay que entender muy poco de cine para creer que alguien que hace siempre el mismo personaje es un mal actor. Al contrario, es tan enorme que puede desarrollar su obra a partir de eso. Claro, puede o no gustarnos.

Pero como buen jugador de equipo, Sandler les da a varios de los actores del elenco momentos memorables. El más beneficiado es Christopher McDonald en el rol de Shooter McGavin. Él solo ya justifica la película, pero es solo una parte de un elenco colmado de sorpresas, mezclas imposibles y todo tipo de gags. ¿En cuántas películas conviven Jack Nicklaus, Bad Bunny, Steve Buscemi y Post Malone? Golfistas, músicos, celebridades contemporáneas y clásicas, actores de las últimas tres décadas y un sinfín de vueltas de tuerca para seguir disfrutando del mundo Adam Sandler. Sí, está Ben Stiller también, no se preocupen. La gran familia de Sandler vuelve a brillar. La obra maestra es de 1996 y esta es una secuela para disfrutar un poco más, parecida y diferente. Es un doble programa perfecto, no se priven de ver ambas juntas, valen la pena.