El Pampero cine es un grupo de cineastas que desde el año 2002 en Argentina decidió producir cine de una manera diferente al resto, creando una obra cinematográfica conjunta que es toda una línea dentro de la historia del cine nacional. No solo la producción, sino también la exhibición de sus películas, va por un camino distinto al de la casi totalidad de la producción de Argentina. Esta información podría no decir nada sobre las películas, pero lo hace. Las películas de El Pampero Cine crean un universo propio que difiere de manera notable del resto. Algunos de sus títulos son más conocidos que otros, ya sea por el respaldo de la crítica, por su condición de cine de culto o por haber encontrado de manera natural a la totalidad del público. Historias extraordinarias (2008) de Mariano Llinás es la película más conocida del grupo que arrancó con otro largometraje del mismo director, Balnearios (2002). En Historias extraordinarias intervino el resto de El Pampero Cine: Laura Citarella, Agustín Mendilaharzu y Alejo Moguilansky.
Historias extraordinarias tiene tres protagonistas y tres historias principales. X (Mariano Llinás) Z (Walter Jakob) y H (Agustín Mendilaharzu). X tiene una profesión en nada vinculada con algo atrapante, pero a poco de llegar a un pueblo, se ve involucrado de forma insólita en un asesinato y un trama policial previa al incidente. Z tiene un trabajo burocrático también en un pueblo, pero la obsesión por seguir los pasos de otro hombre, un empleado gris y a la vez misterioso, lo termina sumergiendo en una aventura fuera de serie. Y H es contratado para registrar una serie de monolitos ubicados a lo largo de la vera de un río. Ese trabajo lo adentrará en otra historia llena de aventuras. Tres hombres comunes metidos en historias extraordinarias. La premisa de Alfred Hitchcock, que renegaba de poner policías, detectives o héroes que comenzaran la narración ya siéndolo. Todo esto en el marco de la Provincia de Buenos Aires, en La Pampa argentina. Al habitual estilo del director y su equipo, se sumarán muchas otras historias y personajes. Es una película de aventuras, un policial, un western, un film bélico y también uno romántico. Un masala pampeano al que no le faltan ni el humor, ni las canciones. Un relato sobre los relatos, una historia sobre las historias. Todo el tiempo es interesante, todo el tiempo entretiene, todo el tiempo sorprende.
La película tiene tres narradores en off. Son narradores omniscientes que saben cosas que los personajes nunca sabrán y conocen también sus pensamientos. La voz en off, un recurso con mala prensa que suele reforzar lo que la película no ha logrado transmitir, acá es parte esencial de la trama y está construida junto con el relato. Sin voz en off no hay película. Historias extraordinarias sirve a dos amos sin ninguna culpa: el cine construido a partir de la literatura y el cine construido a partir de la pintura. Relatos sobre paisajes. La provincia de Buenos Aires es protagonista y marco para estos aventureros de las pampas. La narración cinematográfica, el contar historias, triunfó luego de un par de décadas en las cuales esa nueva cosa llamada cine iba buscando su rumbo. Hay más vanguardia en las primeras dos décadas del cine que en toda la historia posterior. Pero eso no impidió que los directores se aferraran a las imágenes, a los paisajes, a los rostros, a pintar en el cuadro. El más grande director de todos los tiempos, John Ford, era un pintor en el cine. No solos sus grandes exteriores en el Monument Valley, sino también en la manera en la que filmaba los rostros, las puertas, las situaciones alrededor de una mesa o en un baile. Marcado por Frederic Remington y Charles M. Russell, Ford mostraba la riqueza del Oeste luego despreciada por las generaciones posteriores. En la famosa anécdota de Steven Spielberg y John Ford, la lección no está en la historia, está en la manera de filmar un paisaje y los personajes en él. El más clásico de los directores siempre buscó transgredir los límites de ese clasicismo. Ford también admiraba a J.M.W. Turner y se puede percibir en su cine. Tomar una paisaje, llenarlo de drama, construirle historias encima. Reflexionar sobre los temas que obsesionan a un artista. No hay un solo director de los grandes clásicos, Ford, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, que no se haya ido alejando de la estructura dramática clásica para acercarse más a las imágenes, a los personajes, a los temas. Historias extraordinarias juega, desde el recordado tríptico de su afiche, a la pintura en el cine. Y aún así, está llena de literatura. No hay otras reglas más que aquellas que el cineasta decide utilizar en su película y es capaz de sostener a lo largo de la misma.
Historias extraordinarias abreva en el espíritu de la literatura del siglo XIX pero con la conciencia del siglo XX. Robert Louis Stevenson y Julio Verne se encuentran con Jorge Luis Borges. La búsqueda del tesoro es una constante en El Pampero Cine.Mapas, pistas, conspiraciones, apuestas, traiciones, secretos, pasaportes, fugas, nombres falsos, aventuras varias que se cruzan una y otra vez. Y si no se cruzan, las cruza la película, para crear tres líneas narrativas que va trenzando para volver más fuerte su retrato de un paisaje: La Pampa húmeda. Borges dijo: “Creo que en lo que concierne a la poesía épica o a la literatura épica más bien —si exceptuamos a escritores como T. E. Lawrence, en sus Siete pilares de la sabiduría, o algunos poetas como Kipling, por ejemplo en «Harp Song of the Dane Women» o incluso en sus cuentos— creo que, mientras nuestros hombres de letras parecen haber descuidado sus deberes con la épica, la épica, en nuestro tiempo, ha sido salvada para nosotros, de manera extraña, por los westerns.” Para el cine argentino, la épica ha sido salvada por El Pampero Cine y el espacio mítico donde ocurren estas aventuras es la provincia de Buenos Aires. Un lugar donde también se juega con personajes reales, como el legendario arquitecto Francisco Salamone y sus obras que parecen salidas de una ficción que sin embargo son reales y puebla la provincia. La realidad supera a la ficción en Historias extraordinarias. Los espacios que recorren merecen muchas más historias y de hecho El Pampero Cine las ha seguido contando. El recorrido es apasionante.
Los espectadores llevan a cada película todo lo que saben del mundo. No hay dos espectadores iguales porque cada uno realiza su propio mapa del tesoro para entender y disfrutar de una película. Quién haya leído a ciertos autores y visto a ciertos cineastas, encontrará conexiones que otros nunca verán. De todas las que yo he visto en Historias extraordinarias la que más ha crecido con los años es la conexión con Luis Buñuel, quién junto a Jean-Claude Carrière realizó un puñado de películas que llevan la narración a un lugar diferente a prácticamente toda la historia del cine. Lo hicieron en La vía láctea (1969) y aún mejor en El fantasma de la libertad (1974). Justamente esta libertad para moverse entre historias no solo expresa un modo distinto de entender la narración, sino que además ofrece una diversión sin respiro. ¡Por qué nadie nos avisó que se podían hacer estas películas! Otro caso es F de Falso (1974) de Orson Welles. Y es lo que uno siente cuando las ve y esa es la primera sensación al ver Historias extraordinarias. Misma libertad que se disfruta en la compleja y variada banda de sonido con la música de Gabriel Chwojnik, que incluye alguna canción popular y otra inventada sin que veamos diferencias. También se ven conexiones con Brian De Palma, y con Chris Marker, la narración avanza con pantalla dividida o con fotos fijas en diferentes momentos. ¿Son estas conexiones reales? Bueno, hay una escena donde X, luego de una larga investigación, llega a una conclusión contundente que la voz en off nos aclara que es completamente equivocada. Ese riesgo lo asumimos los espectadores con nuestras conclusiones inequívocas. Es parte de la experiencia de ver una película así como también de cualquier cosa que enfrentemos en la vida. Historias extraordinarias nos libera del mundo de certezas y nos invita a ser parte de un viaje, siempre.

