Cine Oriental

La banda de ladrones del oro

A través de los festivales de cine, muchos países dan a conocer sus películas a un público de todo el mundo. Pero es muy habitual que las estrellas de los festivales sean completamente ignoradas en sus lugares de origen. Aunque en los festivales también se pueden exhibir films comerciales, estos tienen otro valor comercial y difícilmente terminen recorriendo el mundo. La era del streaming no logró que el cine de festivales tenga la difusión que debería, al menos en Argentina, pero sí abrió la puerta a propuestas comerciales de prácticamente todo el planeta. Por ese motivo, cuando uno entra a ver las novedades, se puede encontrar con una película de Tailandia que promete acción y comedia por partes iguales llamada La banda de ladrones del oro. Desde el afiche se observa una evocación a los géneros cinematográficos, con particular énfasis en el western spaghetti.  El cine de acción de Tailandia ha tenido repercusión masiva en los últimos años, en paralelo al surgimiento de un cine independiente, como el del premiado director Apichatpong Weerasethakul. Con elementos representativos de esa cultura y con un humor que es diferente a pesar de sus gags físicos, la película juega con la multiplicidad de géneros como en la India, donde el Masala es muy común. Western, acción, cine bélico, comedia, melodrama, todo junto en una sola película. El resultado es bastante desparejo en este caso.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, un legendario bandido y su banda se enfrentan a su peor enemigo y al ejército japonés para asaltar un tren cargado de oro. Lo que parece una aventura al estilo Los héroes de mesa verde (1971) de Sergio Leone, resulta sermás una comedia disparatada con mucho de slapstick y bastante delirio. El tipo de acción cómica puede gustarles a algunos y producir rechazo en otros. Definitivamente no tiene un ápice de occidentalidad. Se nota también la influencia del cine de artes marciales y la historieta. A pesar de tener algunas buenas escenas, el resultado final está muy alejado de las ambiciones que trae. Sí es divertido intentar dilucidar el sentido de algunos chistes y también la impunidad con la que se puede decir cualquier cosa sobre los personajes de una nación extranjera sin tener tanto miedo. La agenda de Tailandia es otra.

Su mezcla de géneros se vuelve algo caótica, particularmente irreverente para esquivar algunas escenas serias, con giros de la trama sin demasiadas razones. La influencia del eurowestern es total, así como también la de Stephen Chow, para ver hasta qué punto hay mezcla. Una película de artes marciales, un western, una comedia slapstick, un film estilo Bollywood, un melodrama trágico y un remate tan inusual como casi todo lo que se ve en la pantalla. Para muestra de cine comercial de Tailandia sirve, pero abre el interrogante acerca de si este es el mejor cine comercial de Tailandia o si por el contrario es de los más flojos. Habrá que seguir investigando,  esta vez el resultado está muy por debajo de la promesa inicial. Incluso la calidad de imagen la hace poco tentadora para los ojos de los espectadores actuales. La calidad visual se eleva y luego se derrumba,  como una película de muy bajo presupuesto con efectos fuera de lo profesional. Esos son los momentos que terminan arruinando un poco la experiencia. El artificio no queda justificado por nada, al menos para el espectador fuera de Tailandia.