Cine Clasico

La brigada de los valientes

La brigada de los valientes (A Distant Trumpet, Estados Unidos, 1964) es el último largometraje de Raoul Walsh y ya con eso ocupa un lugar en la historia del cine. Su gigantesca carrera se inició en el período silente y en la década del treinta representó todo lo bueno que podía ofrecer el mejor cine de Hollywood. Héroes olvidados (The Roaring Twenties, 1939) y Alma negra (White Heat, 1949) son algunas de sus obras cumbre, pero con los años la cinefilia más exquisita fue encontrar otro puñado de películas que también puso en lo más alto. Supo sacar lo mejor de actores como Humphrey Bogart y Errol Flynn, así como también de Gregory Peck, entre el policial, el western y el cine de aventuras. Se movió por todos los géneros y fue uno de los narradores más sólidos que tuvo el cine clásico, lo que no es poco decir. Más de una docena de clásicos imprescindibles dan cuenta de esto.

No es raro que su última película fuera un western, ya que no solo hizo muchos sino que en su juventud trabajó como cowboy. En este caso estamos frente a lo que se conoce como un western pro indio, categoría en la que entraban la mayoría de los exponentes del género en aquellos años.  En 1883, el segundo teniente de caballería del ejército de los EE. UU. Matthew Hazard (Troy Donahue), recién graduado de la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point, es asignado al aislado Fort Delivery en la frontera mexicana del territorio de Arizona a principios de la década de 1880. Allí encuentra una tensión creciente con los indios y un grupo de militares pocos disciplinados y con pocas ganas de actuar de forma civilizada y diplomática en la frontera. Allí conoce también a la esposa del primer teniente Teddy Mainwarring, Kitty (Suzanne Pleshette), a quien más tarde rescata de un ataque indígena en medio de una tormenta. Mientras Hazard intenta hacer todo lo correcto como militar, su relación con Kitty genera un problema extra en el lugar.

El verdadero aliado de Hazard es el Mayor General Alexander Quaint (James Gregory) quién conoce bien a los indios y confía en que ellos intenten llegar también a un acuerdo de paz. Pero se trata de un terreno difícil en el cuál los grupos más violentos de ambos lados amenazan todo el tiempo con atacar. Toda la historia gira en torno a sí lograrán o no llegar a un tratado o si van a lanzarse a más batallas llenas de muertos de ambos bandos. Se parece a varios títulos semejantes en el género y todos, claro, con algo de deuda con la trilogía de la caballería de John Ford. Raoul Walsh es un gran director y aquí contó con la gran colaboración de William H. Clotier, un experimentado director de fotografía de, entre otras cosas, westerns. Era el favorito de John Wayne, con quién trabajó en veintiún largometrajes y también fue el fotógrafo de varias películas de John Ford, incluyendo Fuerte Apache (1948), Un tiro en la noche (1962) y El ocaso de los Cheyenne (1964). El aspecto visual de la película es lo que mejor funciona. El elenco es de segunda línea en comparación a la obra de Raoul Walsh y eso también se nota. El oeste brilla en todo su esplendor en una época donde el género ya empezaba a mostrar su crepúsculo. Se ve como un western de Raoul Walsh puro y un cierre digno para una carrera que tuvo puntos mucho más altos.