Toda obra maestra merece un documental y todo gran director un homenaje. Nueva auras: Un documental sobre Fabián Bielinsky cumple con ambas cosas. Y lo hace de la manera más justa, homenajeando tanto a Nueve reinas (2000) como a El aura (2005). Ambas películas habían convertido al realizador en la más grande de las realidades del cine argentino y al mismo tiempo su máxima promesa. Opuestas entre sí, ambas protagonizadas por Ricardo Darín, ofrecían la riqueza de un director que ya había entrado en la historia del cine argentino pero que aún así tenía mucho más para dar. Su prematura muerte a los 47 años dejó a todos con un dolor enorme. Cualquier cinéfilo sabe lo que nos impactó en aquel momento su fallecimiento, porque no solo era la pérdida de un ser humano y un gran realizador, también de una filmografía por venir y un rumbo del cine argentino que seguramente dejaría una huella aún mayor a la que ya vemos que dejó.
Aunque parezca que el documental está dedicado sólo a Nueve reinas al comienzo, el título ya anuncia que no será sólo a esa película. La felicidad de esa ópera prima hace fácil repasarla y disfrutarla, además de que se filmó en CABA y por lo tanto es más fácil visitar las locaciones, algo que con El Aura no pasa. Ricardo Darín, Gastón Pauls y Leticia Brédice disfrutan de ese reencuentro, cada cual a su modo, y está bien que la película sea un merecido homenaje a ellos también. Es lindo verlos revivir su experiencia de ser parte de uno de los grandes clásicos del cine nacional de todos los tiempos. Está su esposa, su hijo, sus colaboradores, todos con testimonios ajustados y nada gratuitos. No nos roba el tiempo el documental, va siempre al grano. Descubre también la oscuridad de El aura y está bien que varios digan que les gusta más que Nueve reinas. La película elige no bucear en cosas polémicas ni temas complicados porque desde su título marca sus ambiciones. El dolor por la muerte de un gran director sigue doliéndonos a los cinéfilos, ni hablar a quienes lo conocieron. Pero esa tristeza debe verse un poco aliviada por el hecho de que ha dejado dos películas que cambiaron la historia del cine argentino y el vínculo de los espectadores y críticos con el cine de su país. Su legado es definitivo.

