Un colega había acuñado una frase que define muy bien lo que se siente al ver The Paper, spin-off de The Office: “Es menos de lo mismo”. Aunque con el correr de los episodios uno pueda olvidarse de la conexión entre ambas series, sus hallazgos visuales están todos tomados de la creación de Ricky Gervais y Stephen Merchant que luego derivó en su versión americana protagonizada por Steve Carrel. Hay que recordar que la original tuvo solo dos temporadas y catorce episodios, mientras que al pasar a Estados Unidos fueron nueve temporadas y doscientos un episodios. Claramente se puede estirar el material, pero en el caso de The Paper queda un personaje, Oscar Martínez (Interpretado por Oscar Núñez) y lo demás va en otra dirección. Pero pasemos a la historia que cuenta la serie, en parte spin-off, en parte secuela de The Office.
En Scranton, Pensilvania, Bob Vance (Robert R. Shafer), de Vance Refrigeration, explica cómo Dunder Mifflin cerró y su marca registrada se vendió en 2019 a Enervate, una empresa que fabrica productos de papel como suministros de oficina y papel higiénico. Enervate es propietaria del Toledo Truth Teller, un periódico de Ohio donde Ned Sampson (Domhnall Gleeson) está a punto de comenzar su primer turno como editor jefe, para gran consternación de la editora gerente Esmeralda Grand (Sabrina Impacciatore). El contador Oscar Martínez, un ex empleado de Dunder Mifflin que ahora trabaja en Enervate, está disgustado por ser filmado mientras trabaja de nuevo en su trabajo. Ned espera devolverle al periódico su antigua gloria, ya que se ha convertido en un boletín en línea lleno de clickbait y artículos de Associated Press bajo el mando de Esmeralda, quien se conforma con mantener las cosas como están. Ned entabla amistad con Mare Pritti (Chelsea Frei), una veterana del ejército desilusionada que trabaja como compositora del periódico. A pesar de la resistencia de Esmeralda y Ken Davies (Tim Key), el estratega corporativo de Enervate, Ned convence al personal de Truth Teller y a varios otros empleados de Enervate para que se ofrezcan como voluntarios como periodistas para ayudar a reconstruir el periódico en el mismo piso en el cual está la empresa que vende productos de papel. Ese es el juego de palabras del título The Paper, que sirve para las dos cosas que se hacen allí.
Hay un esfuerzo por mantener la distancia y la cercanía con The Office al mismo tiempo. El estilo visual del mockumentary (falso documental/documental en broma) se mantiene y se lo explota con chistes vinculados con el periodismo, pero la serie se eleva cuando genera nuevos conflictos. Sí, claro, se producen esos momentos de vergüenza ajena que hicieron famosa a The Office, con algunas variaciones muy efectivas. Desde la bella y melancólica secuencia de títulos vemos que los periódicos están destinados a ser desechados, metáfora de una forma de comunicar que está llegando a su fin. El voluntarioso nuevo editor debe luchar contra eso y también con la casi nulidad de noticias locales que sirvan para escribir notas o decir algo relevante.
El responsable de la serie es Greg Daniels, quién supo adaptar The Office de Ricky Gervais y convertirla en un éxito descomunal con Steve Carell. Hay momentos muy graciosos y otros muy incómodos, consiguiendo buenos resultados inicialmente, pero luego apagándose en la repetición. La química entre Domhnall Gleeson y Chelsea Frei es perfecta y la tensión romántica entre ambos le da una de sus líneas más fuertes a los diez episodios, ellos justifican completar la temporada, como solía ocurrir antes con las buenas series. El personaje de Esmeralda Grand es el más molesto y, aunque sea intencional, Sabrina Impacciatore lo pasa de rosca y lo hace simplemente insufrible. Como suele pasar, el último episodio es el que levanta todo nuevamente para hacernos desear una temporada 2. Han explotado la franquicia de The Office en una docena de remakes por todo el planeta, este un nuevo intento de seguir usando el material pero a la vez arrancando de nuevo. A juzgar por el resultado, agradable, divertido, pero a la vez gastado, es posible que una temporada haya sido suficiente.

