Viudas negras: p*tas y chorras. El nombre de la serie ya plantea un problema desde el principio por la necesidad de modificar una de sus palabras con un signo ortográfico. Aunque Viudas negras como título es claro, la adición parece indicar posibles conflictos de derechos, evitar confusiones o, peor aún, una intención deliberada de subrayar absolutamente todo desde el primer minuto hasta el último. En última instancia, los títulos son secundarios si el contenido resulta ser valioso. Sin embargo, lamentablemente, en los episodios breves y eternos de la primera temporada de Viudas negras, hay muy poco que realmente valga la pena destacar.
Las dos protagonistas son Maru (Pilar Gamboa) y Micaela (Malena Pichot), dos amigas que en su juventud se dedicaban al oficio delictivo de viudas negras. Pasados los años, se han distanciado y cada uno ha seguido su propio camino. Maru vive en un barrio cerrado con su esposo y su hija y tiene nuevas amigas de clase alta, mientras que Micaela, con dos hijos, abrió su propia peluquería. Pero el pasado golpea a su puerta cuando Paola (María Fernanda Callejón), conocida de la vieja época, sale de la cárcel y les reclama un favor pendiente. Dicho favor implica volver al mundo del crimen, pero Maru y Micaela no pueden rehusarse. ¿Tendrán todavía la habilidad para ser viudas negras o su conflicto no tiene solución? Eso es lo que se cuenta en los ocho episodios de la primera temporada de la serie.
Viudas negras es una comedia policial, un doble género que requiere mucho timing y particular habilidad para mantener el interés. Llegado el episodio cuatro ya queda claro que la comedia tiene cero gracia y que la dirección de actores es un grotesco a medio cocinar. Algunos actores sobreviven siendo fieles a su estilo, pero hay un puñado que cae en momentos que expulsan a cualquier espectador, algunas actuaciones son un mamarracho. Hay tantas series que permanecer a partir de allí en más es un desafío para pocos. Luego la trama policial con sus vueltas de tuerca termina por sepultar las esperanzas. Si la comedia es discutible, la otra parte definitivamente no lo es, porque falla sin remedio. Los momentos dramáticos están muy mal actuados y peor resueltos.
Para los que ven la ficción como si fuera el noticiero, que se haga comedia con dos heroínas viudas negras parece algo aberrante, pero no es muy distinto a las muchas películas y series donde ladrones y asesinos a sueldo tienen el protagonismo y son mostrados con simpatía. La serie se las ingenia para acomodar eso y que no sea tan grave como parece, al igual que lo hacen muchas ficciones con protagonistas fuera de la ley. En cuanto a las cien bajadas de línea que Viudas negras tiene, se puede decir que una obviedad más que no rompe lo que ya está roto, aunque fastidie. La cuerda del humor negro, realmente negro, no se explota lo suficiente, como si al final de cuentas la corrección política les impidiera arriesgar más. Temas como la camaradería entre mujeres y la amistad tienen un espacio central, pero tampoco son del todo aprovechados, porque el guión no les saca todo el potencial a sus dos protagonistas ni tampoco al entorno. Como comedia feminista, es tibia, como comedia a secas, no es graciosa, y como policial definitivamente está mal. El cierre, buscando ser gracioso y explicativo, cae en la contradicción de mostrar a las dos protagonistas como heroínas de leyenda y al mismo tiempo como posibles agentes secretas. No hay mucho rigor y se nota.

