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The Hawk

Es fácil imaginar cómo se concibe una serie como The Hawk. Es muy simple: Will Ferrell en el mundo del golf. De la misma manera que hizo con películas vinculadas al deporte, la simple idea de ver a este gigante de la comedia en un nuevo ámbito deportivo alcanza para decir sí. Es la primera vez, eso sí, que lo hace en una serie, en este caso una de ocho episodios de ficción. The Lonnie The Hawk Hawkins (Will Ferrell) es un jugador de golf que luego de haber estado en los más alto, una situación límite en una competencia lo alejó de los grandes torneos y lo dejó como un marginal participando de competencias menores acompañado siempre por su amigo y caddie Old Henry (Keith David). Y aunque una nueva tragedia golpea a su puerta, The Hawk decide retomar la senda de los grandes torneos para ganar el único Major que le falta para completar el Grand Slam. En su viaje de regreso deberá conseguir un nuevo caddie, lidiar con su ex esposa Stacy (Molly Shannon) y su hijo Lance (Jimmy Tatro), ahora convertido en jugador profesional de primer nivel. También deberá enfrentarse a su peor enemigo en los campos de golf, el exitoso Golden Fisk (Luke Wilson).

La serie puede tener un arranque que hace pensar mucho en esa magnífica obra de arte llamada Happy Gilmore (1996) protagonizada por Adam Sandler, pero en un par de episodios queda claro que no están conectadas, más allá del humor efectivo de ambos genios. Las relaciones familiares de Hawk arman una parte grande de la trama, y no hay tanto torneo en proporción a lo que uno puede imaginar. El talento del protagonista se potencia con la química que tiene con Sam (Fortune Feimster), su nueva caddie, a pesar de que no sabe absolutamente nada de golf. Este dúo tiene una dinámica que mueve gran parte de la trama. La trama repartida en ocho episodios permite tener un par de sub historias y crear buenas situaciones que, a pesar de pequeños momentos dramáticos, ni por un instante se vuelve sensiblera o pierde su condición de comedia. Cada episodio levanta la apuesta y el humor absurdo de Will Ferrell, también creador y guionista de la serie se impone por encima de cualquier atisbo de estancamiento.

A pesar del descontrol que narra la historia, la película está producida también por el PGA Tour, por lo que tuvieron total libertad para moverse en el más puro ámbito de golf, generando elementos reales por encima de otras película donde aparece ese deporte. La selección de canciones, a diferencia de la mayoría de las series actuales, está muy bien utilizada y eso marca también la inteligencia con la que fue creada esta serie. El humor crece episodio tras episodio y los conflictos tienen la suficiente complejidad no solemne para sostener todo por ocho episodios. Hasta el final, el humor estilo Will Ferrell se mantiene en pie y no se desvía ni se rompe para generar algo diferente a lo que prometió al inicio. El formato de comedia en episodios funciona muy bien para el actor, cómo cualquier otro formato, porque su talento es imbatible.