La realizadora polaca Agnieszka Holland, nacida en Varsovia en 1848 tiene una extensa carrera que incluye largometrajes, telefilms, miniseries y episodios de series, tanto en Europa como en Estados Unidos, llegó incluso a colaborar un guión de una película argentina. En este caso, Holland toma la decisión de llevar a la pantalla una biografía de Franz Kafka (1883-1924). Franz pertenece a la larga lista de películas biográficas que han tenido un enorme auge en el siglo XXI. Este género está limitado, obviamente, al objeto de la biografía, y por lo tanto los biopics suelen repetirse uno tras otro aunque cambie su protagonista. Salirse de lo obvio también da resultados dispares y dispare a que admiradores reales e inspectores varios salga a criticar al cineasta por las libertades que se toma. Si el retratado es, como en este caso, un escritor, la ley indica que se debe cuestionar a la película no por estar a la altura o no respetar su obra. Por el contrario, quienes disfruten de la película, basta con que digan lo contrario: La película está a la altura y respeta la obra. Hay un lugar común más, uno divertido, y es el aseverar que al autor, ya muerto, le hubiera encantado o disgustado la película. Los críticos y/o espectadores con poderes de médium son los que afirman estas cosas.
Franz busca más de lo que encuentra y pregunta más de lo que responde. Juega con las épocas, los personajes, las combinaciones y las simetrías. Entra, sin excederse, en la obra de Franz Kafka y sale para meterse en viñetas de su corta vida. Acaricia la obviedad al no evitar mostrar una cucaracha y Franz mirándola con cara de “esto es una metáfora” pero se escapa al jugar con el presente, el museo, y el destino de su familia luego de su muerte. Las tres hermanas de Franz Kafka fueron víctimas del nazismo durante el Holocausto y Holland, fiel a su causa histórica, lo muestra aunque sea brevemente. Cuando viaja al presente observa que se venden hamburguesas de Kafka y se hacen tours que incluyen tirarse al sol en el mismo lugar dónde él lo hacía. Una vida de sufrimiento convertida en mercancía y diversión. ¿Pero acaso no es exactamente lo mismo la película? Imaginamos que Holland lo sabe y por eso elige mostrar estas escenas.
Imágenes bellas, sorpresas narrativas, buenos actores y un deseo de narrar que nunca se detiene. Los admiradores del escritor tendrán mucho para decir, pero la película es entretenida. Incluso evoca, por momentos, a El proceso (1962) de Orson Welles. Si uno desconfía de la directora, creerá que busca lucirse y mostrarse conocedora del escritor, pero eso está en la cabeza de los espectadores, no en la película. Despareja por momentos, atractiva con buenas armas en otros, Franz pasa a la enciclopedia de las biopics en la categoría no lineales. Archívese.

