Cine Clasico

Las aventuras de Buckaroo Banzai

Las aventuras de Buckaroo Banzai (The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension, Estados Unidos, 1984) es una de las películas más raras de la década de los ochenta en lo que al cine de Hollywood se refiere. El título original ya da una pista y, aunque suena como la adaptación de un cómic, lo cierto es que es un guión original escrito por Earl Mac Rauch. La dirección quedó a cargo de W. D. Richter y el estrepitoso fracaso de taquilla hizo breve su carrera como director, siendo esta una de las dos únicas películas bajo su nombre. El elenco incluye varios nombres importantes, pero todos ellos -aun los que tenían una carrera ya lanzada- alcanzarían su máxima fama luego de esta película con otros largometrajes. John Lithgow era el más importante de todos, aún sin ser el protagonista.

Buckaroo Banzai (Peter Weller)—científico, cirujano de cerebro, físico y también líder de una banda de rock— perfecciona junto a su mentor el Dr. Hikita (Robert Ito) un dispositivo capaz de atravesar materia sólida. Al probarlo cruzando una montaña con su vehículo a reacción, cruza brevemente a otra dimensión y, sin saberlo, trae de regreso algo alienígena adherido a su vehículo. La noticia de esta hazaña llega a un ex colega de Hikita, el Dr. Lizardo (John Lithgow), quién ha perdido por completo la razón por un incidente ocurrido décadas atrás. Ambos científicos intentaron el mismo experimento de forma fallida y Lizardo quedó atrapado entre dimensiones, lo cual lo dejó violento y trastornado —y, sin que nadie lo supiera, poseído por el líder de una raza alienígena hostil. Al enterarse de que Banzai logró lo que él no pudo, se escapa de su encierro para robar el dispositivo.

Mientras tanto, y como si nada, en un show de su banda, Banzai conoce a Penny (Ellen Barkin), una mujer que resulta ser la hermana gemela idéntica de su esposa fallecida. A partir de ahí, su vida personal y la amenaza alienígena empiezan a cruzarse cada vez más. Suena raro, es todavía más raro. La banda de rock es la banda de aventureros que acompaña al protagonista y la Tierra ha quedado en medio de una disputa interplanetaria. Cada vez es más demencial que la anterior y más de una vez, incluso en los títulos del final, parece que estuviéramos frente a una saga y no un título aislado. Frases sin sentido y referencias sin salida se deslizan en varios momentos.

Durante el rodaje, de notorio bajo presupuesto, se dieron cuenta que los productores, que reclamaban cosas con las imágenes diarias que veían, dejaron de hacerlo. Filmaron una escena sin sentido alguno y al no recibir devolución, se dieron cuenta de que podían dar rienda suelta a lo que quisieran filmar siempre y cuando no se pasaran de días de rodaje y presupuesto. El elenco brilla en la convicción total con la cual se entregan al disparate permanente. A los mencionados hay que agregarles a Jeff Goldblum como el Dr. Sidney Zweibel y a Christopher Lloyd como John Bigbooté, dos actores que saben cómo subirse a cualquier propuesta delirante. Pero, una vez más, se destaca John Lithgow con una actuación que va más allá del exceso, casi una metáfora de la película.

La taquilla no la acompañó pero la crítica y varios espectadores notaron que tenía algo especial. Con los años se aseguró su condición de película de culto y hoy tiene un club de fans sólido. Rareza entre rarezas, verla sirve para disfrutar de un producto nada tímido, con muchas fallas, pero luminoso en su condición de obra original y desatada. A una película festiva se la reconoce con facilidad y esta es una de esas películas.