Cine Oriental

Un fantasma servicial

Hay una larga tradición en el cine tailandés de trabajar el fantasma no como amenaza sino como presencia doméstica, casi familiar —un espíritu que convive con los vivos antes que perseguirlos—, y Un fantasma servicial (Phi Chidi Kha, Tailandia, 2025) se inicia justamente sin traicionar esa tradición. La premisa es de humor absurdo bien dosificado: una aspiradora poseída por el espíritu de una mujer fallecida retoma su vínculo conyugal con el marido viudo desde el cuerpo de un electrodoméstico. Durante su primer tramo, la película sostiene ese equilibrio con una comicidad ágil, extraña y genuinamente original, apoyada en una puesta en escena que no subraya el chiste sino que se mueve con cierto naturalismo minimalista. Para un espectador fuera de Tailandia, el tono se siente raro, pero a la vez me cuesta creer que sea un tono normal en cualquier parte del mundo, incluso en su país.  Ahí la aspiradora, sin más. Eso sí, vemos también la verdadera imagen de la mujer en algunas tomas, para poder entender que siente el protagonista.

Pero ese tono agradable, melancólico y por momentos ominoso, se mueve con ligereza, sin necesidad de subrayados.  Lo que empieza como una historia sobre el duelo disfrazada de comedia negra empieza a inclinarse, cada vez con menos sutileza, hacia una lectura política de la Tailandia contemporánea —el director ha reconocido que concibió el proyecto como metáfora del clima posterior al golpe de estado de 2014—, y ahí es donde la película pierde el todo aquello que la hacía disfrutable. El cambio de registro no es el problema en sí. El problema es que el comentario político, que en la primera mitad estaba disuelto con gracia dentro del género de fantasmas, se vuelve cada vez más explícito, hasta convertirse en algo obvio y hasta previsible. La escena final es el punto más bajo de esa curva: el desenlace abandona la ambigüedad juguetona que había construido con tanto cuidado y cierra con un gesto que se siente más como consigna que como resolución dramática. Lo que prometía sostenerse en el desconcierto placentero del comienzo termina resuelto con una obviedad que decepciona, precisamente porque la propia película había demostrado, en su arranque, que podía ser mucho más sutil.