Animales (Animals, Estados Unidos, 2026) es la sexta película de Ben Affleck como director. Los anteriores son Desapareció una noche (Gone Baby Gone, 2007), Atracción peligrosa (The Town, 2010), Argo (2012), Vivir de noche (Live by Night, 2016) y Air: La historia detrás del logo (Air, 2023). Su larga trayectoria como actor, productor y guionista incluye dos premios Oscars, uno por el guión de En busca del destino (Good Will Hunting, 1997) de Gus Van Sant, junto a Matt Damon y otro como productor de su propia película, Argo, compartido con Grant Heslov y George Clooney.
Cuando el hijo del candidato para alcalde de Los Ángeles, Mark Kimball (Ben Affleck), es secuestrado, él y su esposa (Kerry Washington) tienen pocas horas para dar pago a una millonaria extorsión. Con todo su dinero gastado en su campaña política, la única opción que les queda es recurrir a una figura siniestra (Gillian Anderson) que les conseguirá el dinero en el tiempo necesario pero con una negociación distinta. Pero todo se altera cuando descubren algo inesperado: no han secuestrado a su hijo, sino al hijo del novio mexicano (Luis Gerardo Méndez) de su empleada (Adriana Paz). La vida de un niño inocente y el futuro de una campaña política están en juego y deberán tomar una decisión en muy pocas horas.
Sí, claro, es una remake no acreditada de El cielo y el infierno (High and Low/Tengoku to jigoku, Japón, 1963) de Akira Kurosawa, basada a su vez en el libro de Ed McBain, El secuestro del rey. Es muy raro que el mismo relato haya sido llevado a Estados Unidos dos veces seguidas. Primero con dirección de Spike Lee y protagonizada por Denzel Washington en Del cielo al infierno (Highest 2 Lowest, Estados Unidos, 2025) y ahora con Animales (Animals, Estados Unidos, 2026). Es raro pero al ver las tres películas rápidamente se entiende que cada una busca hablar de temas diferentes. Y aunque la crítica social siga apareciendo en las tres, sólo el film de Kurosawa se instala en esa temática hasta el plano final. Para Ben Affleck, la búsqueda es otra, emparentando a este film con su perfecta ópera prima, Desapareció una noche.
Para el director, este conflicto lo lleva al centro de un dilema moral que pasa por diferentes momentos y lo expone a él y a su familia a diferentes contradicciones cuando las situaciones límites los arrinconan. Ben Affleck aprovecha el género, le quita a los policías, como en un auténtico film noir y se dedica a ensayar una reflexión sobre la verdad y la leyenda, en el más puro espíritu fordiano del concepto. Sus reglas se alteran y él mismo acepta el nuevo juego que tiene frente a sí. Como siempre, y más allá de la oscuridad de sus personajes, él sigue creyendo en el heroísmo, aunque no sea en el sentido tradicional. Y de paso, no indica que esa idea no tiene ni país ni bandera. Un héroe no nace en un lugar, un héroe se hace cuando las circunstancias no lo ponen a prueba. Somos animales, dice un personaje, animales que cuentan historias. La historia de esta película, con sus códigos de género y con su simpleza, está contada con la solidez que ya ha demostrado Ben Affleck en toda su filmografía. Y tanto en lo que le pasa a los personajes, como en la forma en la que los filma, él sabe muy bien como contar.

