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Cautiva

Cautiva es una miniserie de seis episodios con dirección de Paula Hernández y Jazmín Stuart. El guión, basado en una historia real, es de Paula Hernández, Leonel D’Agostino, Pablo Lago. Cautiva cuenta la historia de Clara (Carolina Kopelioff), una joven que abrazando su vocación religiosa, entra a un convento de clausura, sin imaginar que ahí dentro, Cecilia (Lorena Vega), la madre superiora, hará de la vida de todas las internas un infierno. ​Catorce años después, con un estado físico y psicológico muy deteriorado logra escapar de allí. La miniserie arranca en ese presente y luego reconstruye la historia. Libre pero con secuelas, ella y su familia buscarán hacer justicia.

Lo que sorprende negativamente en Cautiva es que con una chatura extrema convierte lo que debería haber sido un largometraje en una miniserie, no aportando interés en cada episodio. Claramente todos los eventos podrían haber sido contados en mucho menos tiempo, ya que se repiten una y otras vez y develan muy lentamente lo que ya se entiende al comienzo. Por supuesto, al tratarse de una historia de denuncia de una enorme gravedad, la solemnidad es casi inevitable en el relato, aunque está forzada en todos los niveles. Las actuaciones, la puesta en escena y el guión tienen ese acartonamiento propio de las producciones nacionales de la década del ochenta, cuando los mensajes solo podían entregarse si tenían la chatura sin matices que les permitiera poner la carta con la denuncia en el buzón. Nada sorprende en los seis episodios y para colmo, hay que soportar a varios de los actores editorializar con su actuación a los personajes que interpretan, por si alguno tenía una duda.

Una miniserie como esta deja abierta la idea de que no toda historia interesante puede transformarse automáticamente en una ficción que mantenga ese interés. El material de base sirve para un documental perfecto de menos de dos horas. Extenderlo como se ha hecho acá, con actores interpretando a los personajes, rompe todo ese atractivo, le quita fuerza y termina desviando el centro al distraerse con la construcción de la ficción.