El día de los muertos (Day of the Dead, Estados Unidos, 1985) de George A. Romero es el cierre de la trilogía original de La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Aunque hubo tres largometrajes más de la misma serie y con el mismo director, los primeros tres films funcionan como una trilogía inicial. Dentro de estos films, El día de los muertos resulta el más seco y directo, con una violencia gráfica muy impactante y con una desesperanza absoluta. Aún teniendo pocos personajes que conocen perfectamente la gravedad de la situación, los seres humanos son incapaces de comunicarse y lograr trabajar juntos para combatir a un enemigo mayor.
No hay una fecha precisa de en qué año transcurre la historia, pero uno de los personajes tiene una edición de bolsillo de Salem´s Lot de Stephen King, por lo que la película transcurre algunos años después de 1976. La plaga zombie ha llegado muy lejos y el científico menciona que hay 400.000 zombies por cada ser humano. Aunque el pesimismo suele estar presente en los films de Romero, en este el clima de opresión y angustia resulta particularmente intenso. Un grupo de sobrevivientes que es incapaz de llevarse bien y resolver los conflictos que tienen frente a sí.
Dentro de ese panorama, la película se desarrolla casi por completo en un búnker subterráneo en Florida, donde un pequeño grupo de militares y científicos intenta hallar una solución a la plaga. Romero convierte ese espacio cerrado en un campo de batalla entre los propios vivos: el capitán Rhodes, autoritario y cada vez más desquiciado, se enfrenta con el doctor Logan, que experimenta con los zombies, y con Sarah, John y McDermott, que ven cómo el proyecto científico se desvanece mientras la tensión estalla. La amenaza exterior es constante, pero el verdadero peligro está dentro de la base.
Uno de los grandes méritos del film es Bub, el zombie que el doctor Logan intenta domesticar. Con una interpretación notable de Howard Sherman, Bub aporta una dimensión sorprendente: lo único que se parece a la empatía aparece en un muerto viviente, mientras los vivos se destruyen entre sí. Romero plantea así una inversión de valores incómoda y brillante, que vuelve a su película más inquietante y más humana que muchas de su género. Tiene varias escenas que quedarán por siempre entre lo mejor del género.
El otro gran mérito es el trabajo de efectos de maquillaje de Tom Savini, que alcanza aquí su punto más alto. Los zombies, de aspecto descompuesto y creíble, y las escenas de destrucción física, incluido el final de Rhodes, son de un realismo que todavía hoy impresiona. Esa artesanía, hecha por completo con prótesis, látex y mecanismos, es parte esencial de la identidad de la película. Por esos efectos tan crudos George A. Romero tuvo que aceptar una reducción en el presupuesto de la película, ya que una calificación para público adulto afectaría su taquilla. Prefirió eso a no tener su gore de pura cepa.
En el equipo de Savini participó un joven Greg Nicotero, que trabajó como asistente en los efectos de maquillaje. Se nota que El día de los muertos fue una influencia decisiva en su carrera: el naturalismo de los zombies, el gusto por el detalle anatómico y la idea de que cada muerto viviente tenga una presencia propia reaparecen en el trabajo que Nicotero desarrolló después, hasta llegar a su rol central en The Walking Dead. De la misma manera que marcó a este especialista en zombies, lo hizo con docenas de películas y relatos del género. Nicotero, dicho sea de paso, también actúa en la película. Con su claustrofobia, su pesimismo sin concesiones y su notable factura técnica, El día de los muertos es una de las obras más sólidas y personales de Romero, y una película que merece ser revalorizada dentro del cine de terror. Su elenco de clase B con rostros pocos conocidos, su perfeccionismo técnico en los efectos aún siendo de bajo presupuesto, la elevan como un auténtico clásico. Su éxito no fue tan grande y por eso es menos conocida que las dos películas anteriores. La saga, todavía en manos de Romero, tendría más películas, antes de la llegada de las remakes y algunas secuelas que mejor no mencionar. Por algo George A. Romero es considerado el máximo maestro de las historias de zombies en la pantalla grande.

