Critters (Estados Unidos, 1986) es una película muy querida para quienes la vimos en cine en su estreno. No podemos evitar sentir simpatía por este largometraje clase B que creció a la sombra de Gremlins (1984), aunque se haya escrito antes. Pero si finalmente se hizo, claramente fue por el éxito de la película de Joe Dante y al compararlas no son tantos puntos en común. Critters es muy chiquita, muy sencilla, pero hecha con un cariño que se nota en las escenas. El director es Stephen Herek en su debut como realizador, en lo que sería una carrera nada espectacular, pero con un par de títulos de culto, como Bill & Ted (1989).
La premisa mezcla dos fórmulas del cine de la época. Por un lado, bolas de pelo con dientes que invaden un pueblo rural de Kansas y sitian una casa familiar, a la manera de Gremlins. Por otro, la mirada de un chico y su familia ante lo extraterrestre, con un tono que recuerda a E.T. (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982) de Steven Spielberg, pero con extraterrestres malos. Hay hasta un guiño nada inocente en el elenco, con Dee Wallace, la madre de E.T., como madre de familia asediada. La película suma además a dos cazarrecompensas alienígenas que persiguen a los crites del título y cambian de rostro, un recurso con más ingenio del que se les suele reconocer. Es razonable creer que esta película también influyó sobre otros títulos posteriores.
Stephen Herek sostiene el ritmo en apenas 85 minutos y administra bien el humor y el asedio. Los efectos, con sus criaturas simples, tienen el encanto artesanal de un cine hecho a pulmón, y los crites siguen siendo reconocibles y graciosos. Scott Grimes, Billy Green Bush, M. Emmet Walsh, un joven Billy Zane y la legendaria actriz de cine de terror Lin Shaye completan un reparto que entiende el tono y se entrega con alegría. Herek siempre sostuvo que el guión de Domonic Muir era anterior a Gremlins, y la película, con su identidad propia, lo hace creíble, aunque uno imagina que algunos cambios puedan haber surgido en el proceso también. No hay, eso es muy distinto, un crite bueno o simpático, todos son malos y destructivos, con una expresión mínima, aunque algo graciosos.
Se estrenó en abril de 1986 en 633 salas de Estados Unidos y recaudó 13,2 millones de dólares, sobre un presupuesto estimado en unos 3 millones. Fue un éxito moderado para New Line Cinema, y creció después en VHS, donde se volvió un título de culto infaltable en las tardes de películas. Tuvo cuatro secuelas y un reboot como serie, sólo una hecha para el cine. En Critters 3 (1991) hace uno de sus primeros trabajos Leonardo Di Caprio. Un último dato extra para estos personajes famosos en la década del ochenta y posiblemente olvidados para los espectadores del siglo XXI.

