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El amor después del amor

De: Felipe Gómez Aparicio y Gonzalo Tobal

Lo único que tenía que evitar una miniserie sobre la vida de Fito Páez era poner al final la canción Brillante Sobre El Mic con imágenes del verdadero Fito Páez. ¿Y qué es lo que hace al final la miniserie? Sí, adivinaron, ponen la canción Brillante Sobre El Mic con imágenes de la vida de Fito Páez. Es una pequeña catástrofe que no hayan sido capaces de evitar semejante tontería. Pero también sería muy injusto medir una miniserie por su error final, uno que incluso uno puede evitar apagando el televisor. Por ese motivo, y jugando con los saltos temporales que El amor después del amor tiene, volvamos al comienzo de la miniserie y olvidemos el momento bochornoso recién mencionado.

La miniserie tiene aciertos y en particular hay uno que justifica su existencia. Gracias a El amor después del amor se recupera la figura de Fito Páez clásico, el que fue -y es- admirado por su música. Una seguidilla de éxitos que acompañaron la vida de varias generaciones nos transporta a ese mundo, a esa música, a toda esa época. Para muchos, será imposible no cantar sus temas luego de ver cada episodio. El propio Páez ha hecho en los últimos años que nos olvidemos de sus primeros discos y de cómo su éxito creciente que llegó al punto más alto cuando sacó El amor después del amor. Pero incluso antes de ese récord, ya todos conocíamos su música.

Cómo el título de la miniserie lo indica, lo que se va a contar es la vida de Fito Páez hasta el momento de llenar un estadio con su más grande suceso. Así arranca y luego retrocede de manera fluida y no lineal a los diferentes momentos de su vida, tanto su vocación, como sus amores, como su familia y también las tragedias que sacudieron su existencia. Hoy Fito Páez es un artista veterano bastante tranquilo, opinador bastante pobre de la realidad y un figura cuya obra es conocida incluso por quienes nunca han escuchado un disco de él. En el 2023 una serie de conciertos, grabaciones y esta miniserie, festejan los 30 años del disco que marcó toda una época.

Está claro que esta es una biografía oficial, algo que se nota y mucho. Pero también lo era Rocketman, la biografía de Elton John, y era buena. Debe aclararse rápido que no están al mismo nivel, aunque coinciden en algo: dejan al personaje cuando deja de volverse interesante para construir una biografía. Lo primero que deciden acá es que los actores se parezcan todo lo que puedan a los personajes que interpretan, sin dejar margen para la creación, sólo para la recreación. Iván Hochman interpreta a Fito Páez desde su adolescencia hasta el 1993 y lo hace sin problemas. Aunque no sea idéntico se le parece en muchos aspectos y en su condición de protagonista su rostro nos termina resultando familiar y lo aceptamos sin problemas. Andy Chango tiene la tarea imposible de interpretar a Charly García y aunque no está mal, es, como dije, una misión imposible. Pero lo que es de una perfección asombrosa es Micaela Riera como Fabiana Cantilo. En un concurso de Fabianas Cantilo ella saldría primera y la verdadera saldría segunda. No sólo está impecable, también es adorable y uno siente un cariño extra por la original. Su personaje es maravilloso y la actriz hace milagros. Casi todos están bien, excepto Jean Pierre Noher como André Midani, que es un desastre con mayúsculas. Pero bueno, todo no se puede.

Podríamos seguir con cada personaje, pero lo que importa es que en los primeros episodios, más allá de todos los lugares comunes conocidos, la música aparece y el efecto de volver a esos años se produce. Las canciones, casi todas, siguen valiendo lo que valían en aquel momento. Algunas no, por gastadas, pero en general vuelven a impactar, no sólo las de Fito Páez, también las de Juan Carlos Baglietto (interpretado por Joaquín Baglietto) y las de Charly García. Incluso este último ocupa mucho espacio, cómo sabiendo que su figura es un imán más grande que cualquier otro. Más tarde o más temprano tendrá su serie, ahora que el género está tan a la moda.

Cuando busca la alegría de la música, la miniserie levanta y mucho. Cuando intenta reflexionar sobre el contexto, se hunde. La vida familiar está bien armada y el vínculo con el padre alcanza un par de momentos de profunda emoción. Martín Campilongo interpreta a Rodolfo Páez y está muy bien armado este vínculo, bien distribuido en la trama. También está el resto de la familia, por supuesto, pero ahí se deambula por lugares más conocidos.

Aunque se trata de una biografía oficial -que enojará o alegrará a expertos en rock nacional, cómo es de esperar- hay algo que no puede evitar y es mostrar que el Fito Páez que construyó el mito y el artista aún hoy exitoso, fue el recorrido hasta El amor después del amor. Incluso cuando aparece el personaje de Cecilia Roth (Daryna Butryk, idéntica en los gestos) la historia se apaga. Páez parece snob, superficial, y el mundo que lo rodea ya no tiene la simpatía de Fabiana Cantilo y los músicos del inicio. Páez-Cantilo son atractivos, Páez-Roth generan una distancia emocional total. Y no hablamos de la vida real, sino de la serie. Pero algo que no se quiso decir se desprende de la propia producción. El Fito Páez de 1993 en adelante tal vez no es tan encantador o simpático como el anterior, la vida que lleva y lo dice, no son un material tan puro y noble como lo que se ve acá.  ¿Cómo recibirá El amor después del amor quién no conozca a Fito Páez? No creo que importe demasiado para quien la produjo, con que los que conocen al cantante se acerquen a verla, ya hay público de sobra. Al fin de cuentas es un homenaje a los comienzos de un artista hoy veterano, el recuerdo de un pasado que ya no existe más.