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El Cid

De: Luis Arranz, José Velasco

A pesar de ser un de las obras cumbre la historia de la literatura española, El Cantar de mio Cid sigue teniendo como adaptación más importante el film de 1961 llamado El Cid, con Charlton Heston en el rol principal, junto a Sofia Loren en el rol de Jimena. Esta gigantesca película de tres horas de duración fue realizada entre Estados Unidos e Italia fue producida por Samuel Bronston y dirigida por Anthony Mann. Se filmó en España, utilizando tanto locaciones naturales como escenas en los tres estudios principales de cine de ese país. Adorada por Martin Scorsese, quien la considera el mejor film épico jamás realizado, en general no tuvo la repercusión buscada y en comparación con otros films del género, no tuvo ni el prestigio ni la taquilla soñada. Sin embargo, España nunca se animó a realizar un largometraje que opacara este título de 1961. Con los años, y a sesenta años de su estreno, la película hoy muestra tener una vitalidad y una permanencia absoluta. El final de la película es inolvidable, emocionante y aterrador a la vez.

Esta adaptación muy libre del texto de ficción no pretende jamás retratar la figura histórica de Rodrigo Díaz de Vivar. Es decir que es una ficción norteamericana del Hollywood clásico adaptando un texto de ficción medieval. Los puristas podrán enojarse, los amantes del cine, agradecidos. Sin embargo, la historia es atractiva para ser adaptada una y otra vez y los espectadores de cada época, incapaces de disfrutar obras de arte de otros períodos, siempre están dispuestos a ver adaptaciones contemporáneas parecidas a los códigos estéticos del presente. Una serie española producida por Amazon Prime Video es una buena excusa para volver sobre el personaje.

Cinco episodios tiene la primera temporada de El Cid (2020). La esperanza de que fuera una miniserie es esfuma cuando uno ve el tiempo que lleva contar los primeros eventos de su vida. Breves escenas de la infancia de Ruy para luego ya mostrarlo como un impetuoso joven (interpretado por Jaime Lorente) dentro de una trama mucho más grande que él. Si al film de 1961 tres horas le alcanzaban para contarlo todo al estilo del cine clásico, hoy, en el 2020, cinco horas no son suficientes para nada. Así son las cosas, así está la narración hoy en día. Muchos se burlan del cine épico clásico, con sus castillos relucientes, sus vestuarios impolutos y su narración simple y directa. Pero se la extraña y mucho cuando uno ve algo como lo que han hecho acá.

Al abrir la puerta del revisionismo, la serie adquiere nuevos compromisos. Si decide ser adulta por su cantidad de sangre y sexo, debe también ponerse a pensar si los cuerpos salidos del gimnasio y el modelaje no llaman aun más la atención que el Hollywood que tanto se critica. Mientras que en el cine de aquellos años nos llevaba a un mundo de fantasía, de cine, de construcción y pura ficción, hoy las series intentan jugar -falsamente- con el realismo y la dureza, quedándose casi siempre a mitad de camino. La serie quiere soltarse por momentos, volverse divertida, pero se vuelve a estancar una y otra vez, preocupada por el hablar de los personajes, los detalles históricos, la construcción de un medioevo que es sucio para algunas cosas e impecable para otras. Busca una idea verdadera de las justas de caballería para luego mostrar una pelea contra un personaje que parece ser acróbata del Cirque du Soleil.

Los primeros dos episodios intentan terminar con un poco de acción. La serie ha mostrado que lo que más le interesa son las intrigas palaciegas con un toque de Game Of Thrones, pero sin fantasía ni diversión. La serie no es un buen entretenimiento, no es un apasionante recorrido histórico, no aporta nada en ningún aspecto y los actores están atrapados en textos imposibles. Solo nos despertamos en alguna batalla donde los efectos especiales no regalan un poco de sangre y acción. El actor principal, un joven salidos de las huestes de la infame La casa de papel tiene la facha de un boxeador de una película juvenil de la década de los ochenta, de esas que iban directo a video. Con tal protagonista es imposible interesarse en El Cid. Pasaron sesenta años y entendemos porque Charlton Heston entró en la historia grande del cine. El Cid es un personaje gigantesco y solo puede ser llevado a la ficción por actores gigantescos. De esta serie, de la que resulta una sorpresa si hacen una segunda temporada, será difícil seguir hablando dentro de un par de meses. Su destino parece ser el de una línea en Wikipedia, junto con el resto de las adaptaciones.