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El diablo viste a la moda 2

El diablo viste a la moda 2 es, claro, la secuela de la película del año 2006. Tiene a los mismos cuatro intérpretes principales y continúa sus historias aunque sin dar demasiados detalles de lo que han hecho estos personajes en estos años.  Es una prueba más de que el cine ha decidido sumergirse en ese mundo nostálgico y algo triste de las viejas bandas de rock que se vuelven a reunir luego de muchos años para hacer giras que los ayuden a juntar algo de dinero al volver a contactarse con sus viejos fans y con aquellos que comenzaron a venerarlos durante los años sin conciertos. El problema es que en el cine tocar los viejos éxitos no alcanza, porque para eso está la película original. O tal vez sí alcanza en los tiempos que corren. No importa si la película es buena o no, con que sea prolija y se interpreten algunos temas conocidos, el negocio está asegurado. El fandom no es sólo el de Marvel o Harry Potter, es prácticamente el de todo el cine actual. No lo digo desde un lugar superior, porque el gran truco es que más tarde o más temprano, todos amamos tanto algo que vamos a consumir sus secuelas no importa que tan mediocres e irrelevantes sean. El sistema funciona, el cine se apaga.

El diablo viste a la moda 2 (The Devil Wears Prada, 2026) es como El diablo viste a la moda (2006) pero con derechos humanos. Una oportuna denuncia acerca de los pesares de hacer periodismo en el presente blinda a la película contra cualquier crítica, ya que todos los que escriben sobre películas o cultura viven pensando que ha llegado el fin de su profesión y que sus opiniones, imprescindibles, no deben apagarse jamás. Es irónico, porque el éxito de El diablo viste a la moda 2 se basa en miradas acríticas, obsecuentes, hechas por personas que no conocen realmente la materia que tratan. Ese también es el mundo de Hollywood y una de sus variantes: criticar algo y festejarlo al mismo tiempo. Todos felices por moverse en el mundo del glamour y el dinero y mirarlo con desprecio cuando este se preocupa por el dinero.

Anne Hathaway, Meryl Streep, Stanley Tucci y Emily Blunt conocen su juego y son profesionales de la actuación. Aunque el desafío de no envejecer los ha dejado, al menos en esta película, con menos expresión en sus rostros, tienen el dominio de su arte completamente aceitado. Tres o cuatro, no más, diálogos ajustados y graciosos, nos recuerdan que es una comedia. Las vueltas de tuerca nos llevan, una vez más, hacía un final imposible, forzando situaciones y arruinando personajes. Para quienes se conformen con poco y nada, la película cumple. Tiene todos los cameos necesarios y todo el vestuario que se espera ver en esta historia. Si esta película se hubiera estrenado hace veinte años, nadie la hubiera festejado, pero hoy recibe mejores críticas que la primera. Tal vez en veinte años la situación esté peor. Esperemos una tercera parte, la serie y la precuela. Musical ya hay, así que ese puede ser una película más. Así estamos.