Evil Dead: En llamas (Evil Dead Burn, Estados Unidos, 2026) es la sexta película de la franquicia que Sam Raimi inauguró en 1981 con Diabólico (The Evil Dead) completando luego una trilogía que es un clásico absoluto del género. El regreso llegó después con la sorprendente Posesión infernal (Evil Dead, 2013), de Fede Álvarez, y luego Evil Dead: El despertar (Evil Dead Rise, 2023), de Lee Cronin. Ahora es el turno ahora es del francés Sébastien Vanicek, quién demuestra que hay algo que sigue funcionando en este universo de terror. La producción de Sam Raimi y Bruce Campbell tal vez tenga que ver con eso o simplemente es un respaldo para seguir el camino.
La protagonista es Alice (Souheila Yacoub), una joven francesa que vive en Estados Unidos. Tras la muerte de su abusivo marido, debe lidiar con la familia política en una casa aislada, hasta que el Libro de los Muertos vuelve a desatar la maldición y un auténtico infierno. Lo mejor de la película está en el aspecto visual. Vanicek tiene talento para la puesta en escena, y varios momentos se destacan por sus encuadres originales e impactantes y notables movimientos de cámara. Realmente le saca partido al espacio cerrado de la casa, recuperando el corazón mismo del origen de la franquicia de Evil Dead. Por otro lado, hay que decir que se necesita un estómago fuerte para tolerar el aspecto gore del film. Nadie ajeno al género debería acercarse por error, pero incluso los más entrenados se encuentran con escenas muy impactantes.
El guión no busca ser especialmente original, pero la estructura funciona porque sabe que es lo que busca. La historia vuelve al encierro de una casa en medio de la nada y a la lucha por sobrevivir ante los poseídos. Esa es, en definitiva, la estructura del comienzo de la saga. Además, el drama del duelo y la culpa le da a Alice un conflicto propio, algo que no siempre se consigue en el género. Cuando parece que va darnos un discurso, la película se corre a tiempo y deja que el género hable por sí mismo. No tiene el desenfado de las películas de Raimi, y se nota más calculada que artesanal. Aun así, es una entrega sólida, con imágenes memorables y fiel a los orígenes de la serie. Una franquicia que mantiene el nivel.

