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FRAGMENTOS DE VIDA (UNA EDUCACION NADA SENTIMENTAL)

De: Sybille Bedford

MEMORIAS DE UNA JOVEN INFORMAL

El ambiente de la crítica literaria siempre ha sido propenso a plantear algunas cuestiones que hacen al ejercicio de la escritura en términos de validez o invalidez, de prestigio o desmérito de la misma. Estos juicios de valor que operan en forma pre-juiciosa giran en torno al origen o motor del acto creativo, o sea, alrededor de aquello que –a quienes escribimos- nos impulsa a hacerlo. Tales conclusiones parecen insinuar que el hecho de que un escritor no pueda definir con exactitud las motivaciones de su vocación o –más bien- afirme que no las tiene y que su mano sólo responde a una especie de designio indescifrable, ennoblecería o enaltecería cualquier escritura. Como si ese acto casi involuntario y desinteresado le aportara una especie de halo sagrado a las obras surgidas de su seno, y elevara a su hacedor a la prestigiosa categoría de escritor, quedando el resto confinado al vulgo.

Pues bien, más allá de considerar que este ejercicio de categorización de literaturas como manera de convalidarlas resulta banal en sí mismo, me interesa destacar la importancia –muchas veces- de alcanzar a reconocer en un texto la motivación de su pluma. La pregunta ¿por qué o para quién se escribe? encuentra siempre una respuesta en la propia obra, aun a pesar de la negativa de su autor a reconocerla.

Escribimos por algo y para alguien. Escribimos para ser leídos. Aunque estemos convencidos de lo contrario. Incluso Franz Kafka, en el propio deseo de intrascendencia de su obra inédita al momento de morir, buscaba que la misma trascendiera, conclusión a la que probablemente llegó su amigo Max Brod al publicarla burlando el pedido de su letra póstuma.

En Fragmentos de vida (Una educación nada sentimental), su autora, la cosmopolita Sybille Bedford (1911-2006), nos permite a los lectores rastrear sus “¿por qué?” y “¿para quién?” sin ningún temor a ser deslegitimada. Y esto, lejos de desmerecer el resultado final de su obra, la enriquece.

Nacida en Alemania, de padre germano y madre inglesa, su escritura está fuertemente atravesada por los avatares de una vida signada por viajes entre Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y América, y por las marcas que le inscribieron la informalidad de una educación no formal. Este libro, el último que escribió y el primero en ser editado en nuestro país, es la biografía novelada de su infancia y juventud, el relato minucioso de unos años en los que Sybille Bedford debió abrirse camino sola ante el abrupto divorcio de sus padres. Así fue como creció entre la subsistencia precaria y marginal en una aldea alemana, bajo el cuidado de un padre encadenado a sus pocas y anquilosadas posesiones, pero con gran desapego por las comodidades de la vida diaria y por la normalización de la educación de su hija; y la existencia disoluta, impulsiva e irreverente de una madre más propensa a perseguir los derroteros de sus pulsiones primarias, que a brindar contención y amparo materno a una joven que se mecía a la deriva en busca de una profesión, una identidad sexual, el amor, un idioma.

Con una prosa amena, desprejuiciada y talentosa, Bedford narra cada uno de los episodios de su vida en un tono ligero, aunque no por ello menos incisivo y lúcido. De ese modo nos acerca las desgracias y las excentricidades de su propio andar y las de su entorno, emplazadas en unos tiempos de entreguerras, en los que se percibe cierta actitud narcisista y poco comprometida de la bohemia francesa. En dicha época se enmarca la parte más estable de su adolescencia, situada a la vera de las playas mediterráneas, en el pequeño balneario mediterráneo de Sanary-sur-Mer, lugar a donde fueron a parar –finalmente- su madre y su joven pareja, Alessandro; y la soledad de los fríos otoños londinenses.

Los personajes se pasean con soltura por el relato, algunos escudados en el anonimato de nombres ficticios, como el famoso juez del Tribunal Supremo, que mantiene una relación afectiva clandestina con una de sus amigas inglesas, y otros exhibidos en la opulencia de su fama, como el escritor Aldous Huxley, de quien Sybille Bedford se convirtió en su biógrafa oficial. Sin embargo, en el centro de la narrativa y por encima de todos ellos se impone su propia figura como ente articulador de las historias y como territorio en donde se celebran unos acontecimientos tan reales como profundos.

La lectura de Fragmentos de vida… nos remite por momentos a algunos pasajes de la vida de otra escritora que vio la luz en el mismo siglo y cuyas obras han dejado también su impronta en las letras universales, la belga Marguerite Yourcenar. Ambas comparten la libertad, erudición y excentricidad de unas mentes formadas bajo una educación muy poco convencional, autodidacta y a la vez políglota, así como también el merecido reconocimiento a sus trayectorias por parte del mundo académico.

Sybille Bedford tuvo más que suficientes motivos para hacer de la escritura su oficio. Tuvo una vida con una intensidad tal que desbordaba los límites de la memoria y pedía su traducción a la palabra escrita. Y fue en ese pasaje de la vivencia a la escritura que logró exorcizar los fantasmas propios: la soledad y el abandono en que la sumieron la temprana desaparición de su padre y la inestabilidad emocional de una madre inmadura y adicta a la morfina; la necesidad de encontrar en un solo idioma (el inglés) la identidad perdida en la marea del multilingûismo que la rodeaba; y la posibilidad de consolidar a través de las letras una pequeña constante para su vida, como la soga o el salvavidas al que uno busca aferrarse cuando se siente a la deriva.

Pero por sobre todo, Sybille Bedford escribió por Alessandro, su timón durante la peor época de la decadencia física y psíquica de su madre, una especie de padre, hermano y amigo con quien convivió durante sus estadías en Italia y Sanary-sur- Mer. Cumplió de ese modo con el designio que éste le marcó cuando –al momento de marcharse y a sabiendas de su deseo más profundo- le entregó como herencia su Remington portátil bajo estas palabras: “Mejor quédatela tú. Utilízala”. Y lo bien que lo hizo.

FRAGMENTOS DE VIDA (UNA EDUCACION NADA SENTIMENTAL)
Sybille Bedford
Editorial: Salamandra – Narrativa
España, 2006