Cine Clasico

Gremlins

De: Joe Dante

En la década del ochenta no sólo los films dirigidos por Steven Spielberg eran furor, también lo eran sus películas como productor. Durante toda la década las publicidades fueron ambiguas a la hora de presentar estos films, como para no dejar en claro si los dirigía él o lo hacían otros. En un lapso muy pequeño de tiempo se estrenaron Gremlins (1984), Volver al futuro (1985), Los Goonies (1985) y El secreto de la pirámide (1985). Las cuatro películas tenían directores sólidos detrás, más allá del gusto de cada uno. Es posible que el atractivo en la taquilla fuera el nombre del Steven Spielberg, ya que ninguno de los cuatro films tenía grandes estrellas para promocionarse. Gremlins, dirigida por Joe Dante, fue un éxito enorme en su momento, uno de los films más exitosos en el año de su estreno.

Lo primero que hay que destacar de Gremlins es su habilidad para salir airosa de una mezcla de géneros y tonos, algo que habitualmente suele ser una fórmula para el desastre. Si alguien quisiera poner este film en la categoría terror, podría hacerlo perfectamente, pero quien diga que es una comedia tampoco estaría equivocado. ¿Es Gremlins una sátira de la vida en los pequeños pueblos? Conociendo a su director, no hay duda de que cargó algunas tintas para su lado. Por extensión, se burla también de la sociedad americana, algo que hemos visto en muchas otras de sus películas. Y si queremos ir más lejos, podríamos decir que cada uno de los pequeños monstruos salen a pasear por la ciudad para convertirse en una parodia de los seres humanos. Todas estas interpretaciones vienen detrás de algo más contundente y es que Gremlins es una maravillosa comedia de destrucción y anarquía. Los hermanos Marx y los Looney Tunes revisitados con una cinefilia navideña al estilo de la década del ochenta.

Randall Peltzer es un inventor de dudoso éxito que vive en la ficticia comunidad de Kingston Falls. En un viaje al Barrio chino de Nueva York en el cual intenta vender sus inventos, consigue que un pequeño lo lleve a la tienda de su abuelo, el señor Wing. Allí descubre una adorable criatura llamada Mogwai (que en cantonés significa “espíritu maligno”) e intenta comprársela. Wing se niega pero su nieto alcanza a Peltzer fuera de la tienda y hace el trato, aunque le hace tres advertencias. Ya de regreso a casa Peltzer, lo reciben su esposa y su hijo, este último llamado Billy. Billy recibe como regalo de navidad a la pequeña y adorable criatura y lo bautiza con el nombre de Gizmo. Su padre le recuerda las tres advertencias: No exponerlo a una luz brillante porque lo daño, incluso la luz del sol lo mata, no darle agua y jamás mojarlo y, finalmente, lo más importante: No darle de comer después de la medianoche. A partir de allí, solo resta esperar a que estas tres cosas ocurran en la película, por supuesto. Y cuando ocurren, la película alcanza sus mejores momentos, aquellos donde nos asombramos como si nunca hubiéramos ido al cine en nuestra vida.

Con referencias muy claras a ¡Qué bello es vivir! (It´s a Wonderful Life, 1946) el clásico navideño número uno, Gremlins es una pesadilla antes de navidad. En el tironeo entre un film para toda la familia y una película de terror, encuentra momentos exactos para cada cosa. Las escenas en la casa del protagonista, con su madre luchando contra los gremlins, es impactante y absolutamente inolvidable. Pero estos pequeños monstruos, absolutamente malvados, no son criaturas en un film solemne. Qué se disfracen de humanos y se burlen de la gente es algo maravilloso. “¿Le enseñó a ver televisión?” Pregunta amargado el Sr. Ming en un momento de la película. Tanto Gizmo como los gremlins, no han tenido otro aprendizaje más que el de la televisión y el cine. Y a juzgar por sus acciones, creo que no aprendieron muchas cosas buenas de los humanos. Bueno, Gizmo sí, porque su amistad con Billy no ha cambiado su naturaleza amable (que esconde a los gremlins, ojo).

La película alcanzó una enorme popularidad, se volvió un clásico absoluto, y con ello vinieron algunas preguntas sobre la trama. La primera y principal: ¿Qué clase de regla ambigua es no poder alimentarlos luego de medianoche? Hay que asumir que no pueden comer entre la medianoche y el amanecer, pero eso nadie lo explica. A nadie le preocupa realmente, es una crítica llena de amor por la película. Pero lo que sí ha sido polémico desde el día uno es la historia que Kate le cuenta a Billy acerca de porque odia la navidad. Es una historia terrible, traumática y siniestra, algo difícil de procesar en el contexto de la película. Pero sirve para mantener un poco el equilibrio del drama en una película anárquica. Ambas cosas mencionadas arriba son objeto de burla en Gremlins 2 (1990), la fabulosa secuela de Gremlins.

La carrera del director Joe Dante es parecida a la de los grandes directores de películas pequeñas en el cine clásico. Su amor por los géneros y su cinefilia desaforada no son una limitación ni lo enredan. Cuando uno ve sus películas ahora descubre actores de todos los tiempos haciendo pequeños papeles y referencias ilimitadas, pero esa no es la gracia de su cine. Del cine de terror puro de Piraña (Piranha, 1978) y Aullidos (The Howling, 1981) a sus pesadillas suburbanas en S.O.S. vecinos al ataque (The Burbs, 1989) y Pequeños guerreros (Small Soldiers, 1998) Dante ha sido uno de los cineastas más brillantes que ha dado el cine mainstream norteamericano. Nunca pretencioso, nunca tomándose demasiado en serio a sí mismo, ha dejado un puñado de obras que no hay que olvidar. Gremlins es una de sus obras fundamentales, aun cuando la secuela represente mejor el espíritu de su cine. El mundo horrible y peligroso de los humanos, incapaces de controlar los dones de la naturaleza, como le dice el Sr. Ming a Billy y su familia al final. “No están preparados” agrega. A juzgar por el cine de Joe Dante y el lugar que a él le han negado en la industria, yo diría que tampoco están preparados para su cine. Su obra respira una libertad que se parece mucho a lo que algunos llaman arte.