Cine Clasico

Maridos

John Cassateves podría ser nombrado y hasta encasillado como el padre del cine independiente norteamericano. Nada menos que Jonas Mekas dijo que Sombras (Shadows, Estados Unidos, 1958), la ópera prima de Cassavetes, había sido el punto de partida para todo el cine independiente de ahí en más. En cualquier caso, es uno de los pioneros y la forma en la que hizo gran parte de su obra se convirtió casi en el modelo del cine independiente de las décadas siguientes a sus inicios como director. Para cuando John Cassavetes hizo Maridos (Husbands, Estados Unidos, 1970) ya tenía un nombre como director y por supuesto también era un conocido actor. Había sido nominado al Oscar como guionista por uno de sus films y como actor, trabajando para otro director. Su carrera actoral, como ocurrió también con Orson Welles, le financió parte de su cine como realizador.

Maridos es una película ambiciosa y muy cercana a John Cassavetes. El trío protagónico lo conforma él junto a Peter Falk y Ben Gazzara, dos de sus mejores amigos y más importantes colaboradores. Hacer cine con amigos es típico del cine independiente, pero cuando tus amigos son semejantes actores, entonces es más fácil que tu película sea conocida por el público. Ellos son tres amigos que asisten al funeral de un cuarto que ha fallecido de un ataque cardíaco. Las imágenes iniciales muestran fotos del cuarteto en un día relajado, bromeando y comparando sus músculos. La masculinidad segura que entrará en una crisis con el prematuro fallecimiento de uno de ellos. Las fotos del comienzo ya plantean una estética diferente, algo que se confirmará unos minutos más tarde. Abrumados por la pérdida, se van directo del funeral a un derrotero insomne que incluye juegos, alcohol, canciones, mujeres y un viaje. Nombrando y no nombrando cosas que los abruman de forma que no pueden terminar de procesar.

Maridos tiene un trío protagónico de tres actores carismáticos interpretando a tres personajes difíciles de aceptar. Tiene la valentía de mostrar su violencia, su misoginia, su egoísmo y su inmadurez de una forma imposible de ver hoy en día. Mostrar a estos personajes sin juzgarlos es complicado de ver y a la vez es la esencia de la película. Al mismo tiempo, la improvisación, una marca registrada de John Cassavetes, se hace notoriamente presente en muchas escenas, algunas con la habitual violencia psicológica del director. Otras, más claramente escritas, poseen violencia física, en estallidos poco habituales en el cine americano. Pero a no confundirse, la película también era violenta y polémica en 1970 y recibió críticas divididas. El deseo de Cassavetes de completarla y terminarla en temporada de premios no dio los frutos esperados, corroborando su condición de iconoclasta a pesar de su fama.

Cassavetes es un autor en el sentido más puro del término. No todas sus películas poseen la misma calidad y su estilo divide a especialistas y espectadores. Maridos junta virtudes y defectos en partes iguales, aunque desde ya debería valorarse por sus búsquedas y riesgos. Pero incluso así, y a pesar de sus grandes momentos, la película no es tampoco la más lograda de las que dirigió John Cassavetes. No festeja ni juzga a los personajes, aunque varios indicios marcan que al más duro de ellos le espera un destino incierto por todo lo que ha hecho. Acá queda claro que los mejores momentos de su obra van a estar asociados a Gena Rowlands, su esposa y actriz preferida. Al ver Maridos está claro que esta enorme actriz -aquí ausente- es una parte imprescindible de la obra de tan valorado director.