John Francis Daley y Jonathan Goldstein, la dupla de directores detrás de Noche de juegos y Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones, recuperan acá su mejor forma para hacer esta comedia de acción llamada Mayday (2026). Ambientada en plena Guerra Fría, la película sigue al teniente Troy Kelly (Ryan Reynolds), piloto de la Armada estadounidense, cuyo avión es derribado durante una misión de reconocimiento sobre territorio soviético, obligándolo a sobrevivir tras las líneas enemigas donde encuentra a un insólito aliado, Nikolai Ustinov (Kenneth Branagh), un retirado oficial de la KGB que vive aislado en una cabaña en medio de la nada. Aunque por cuestiones políticas ambos hombres deberían ser enemigos, Ustinov se ha separado del régimen y tiene una completa fascinación por la cultura norteamericana, empezando por la película Top Gun (1986)
Mayday es una excelente buddy movie y lo es, en gran parte, por la dupla actoral y su fantástica química. Ambos logran una calidad por encima del promedio del siempre presente género. Reynolds aporta el sarcasmo veloz que lo caracteriza, mientras que Branagh contrapesa con un timing cómico del cuál ya ha hecho gala en el pasado, aunque aquí es más delirante; juntos generan un puñado de escenas que quedarán en la memoria de cualquier amante del género.
Daley y Goldstein manejan con pulso firme el tono, algo nada sencillo en una película que necesita hacer convivir el humor con secuencias de acción genuinamente tensas y bien filmadas. Y ahí está el otro gran acierto: la acción no es un mero relleno entre chistes, sino que está coreografiada con oficio, con momentos de persecución y supervivencia que funcionan tanto por la adrenalina como por el humor que se cuela en medio del caos. La cámara se integra al movimiento de forma exagerada y cómica, jugando con la locura de cada momento y como un gag más.
Es una lástima, eso sí, que una película con esta calidad de factura y esta clase de dupla protagónica haya quedado relegada al estreno directo en streaming a través de Apple TV. Mayday tiene el tamaño, el ritmo y la diversión de esas películas que uno hubiera disfrutado enormemente en una sala llena, y verla confinada a la pantalla chica se siente como una oportunidad perdida. Tiene un puñado de escenas de esas que aparecen una y otra vez en los compilados de un género. Sin pretensiones, con mucho amor por el espectáculo, Mayday es una pequeña fiesta cinematográfica.

