A veces las películas se destacan no sólo por lo que hacen, sino por lo que no hacen. En esto último hay una sobriedad y un pudor que no siempre reciben el reconocimiento que se merecen. Directora y co guionista, Julia Hart, sabe cómo ordenar el humor y las emociones sin caer en tentaciones lacrimógenas ni golpes bajos. La sensibilidad de la película no nace de cero, sino que es más bien la continuidad emocional y también directa con el musical que aparece en la película, Waitress: The Musical (2023) que era a su vez la adaptación de la película independiente Waitress dirigida por Adrianne Shelly en el año 2007.
Sophie (Sunny Sandler) es una chica de dieciséis años con los problemas típicos de esa edad que cuando consigue el papel protagónico en la obra musical del colegio se siente insegura y no cree estar a la altura del desafío. Este conflicto que la atormenta es muy menor en comparación con el verdadero drama que la rodea: el cáncer de su madre Elizabeth (Melanie Lynskey), que parecía controlado, vuelve con fuerza. Aunque la familia intenta ocultar esta nueva mala noticia, no hay manera de evitar que Sophie viva la angustia de su papel soñado a la vez que el dolor por la situación de su madre. La película trata sobre la mezcla inevitable de triunfos y angustias con las que los seres humanos deben lidiar al mismo tiempo. Es famosa la tragedia que la propia Adrienne Sheedy sufrió, ya que murió asesinada antes del estreno de su película. Su legado más allá de la muerte es el mensaje oculto detrás de la historia principal de No se desea buena suerte.
Sunny Sandler no debuta como actriz en esta película pero es su primer rol protagónico. Su solidez es como la de la película, no llama la atención aunque sea extraordinaria. Trabaja el viejo oficio clásico actuando con naturalidad, lo más difícil que existe. Melanie Lynskey, interpretando a su madre, también actúa con sobriedad, pero su rol se vuelve necesariamente más llamativo. Toda la dirección de actores está en esa dirección, incluyendo a Stephanie Beatriz, Max Greenfield, Bebe Newbirth, Steve Buscemi y Jon Lovitz. Entre los productores están los padres de Sunny Sandler, Adam Sandler y Jackie Sandler, con quienes ha hecho prácticamente toda su filmografía. Sin embargo, y contra cualquier pronóstico, la joven actriz tiene margen para brillar más allá de sus vínculos familiares.
Es destacable que una película sea capaz de meterse en algo tan profundo pero moviéndose con ligereza, sin golpearse contra los bordes del exceso o la búsqueda desesperada por conseguir respuestas básicas. Hacer cine sobre una adolescente para conseguir una obra trascendente que conecte con los sentimientos, algo raro no sólo ahora, sino en general en la historia del cine, siempre se termina imponiendo el drama adulto por encima del juvenil.

