Peliculas

La última casa (2026)

La última casa (The Last House, Estados Unidos, 2026) es uno de esos productos sin vida de Netflix que uno desearía poner en un plazo fijo con la esperanza de que con el paso de los días nos produzca algo de interés. Transmite toda la sensación de haber sido concebida con una premisa inicial y ni la más remota idea de cómo convertirla en algo parecido a lo que podríamos denominar una película coherente. La historia del cine ha demostrado que en quince minutos se puede contar lo que a esta película le lleva la mitad de su duración. Es un problema de base difícil de sostener. Es como un empleado mirando la hora para irse del trabajo. No tiene nada para hacer,  pero está obligado a cumplir con el horario. Así son estos productos de Netflix, al menos un porcentaje ridículamente alto como para ser tolerado como concepto de producción.

Ciencia ficción y terror, ese es el género. Una familia vive en un barrio común y corriente de Estados Unidos. Un día llega un tormenta y la consecuencia inicial de inicio de unas largas lluvias es que, por motivos inexplicables, los habitantes de las casas no pueden salir de ellas,  de ninguna manera, por ninguna puerta. No les queda otra que resistir allí, mientras tratan de entender lo que pasa y pensando, con el correr de las semanas, en cómo sobrevivir sin poder salir. La pregunta es: ¿Por qué pasa esto? ¿Existe alguna posibilidad de escapar? Cuánto más se tarda en responder y cuánto más tiempo pasa, menos interesante se vuelve la película. Y por supuesto, empieza a surgir la posibilidad de que la respuesta sea una decepción total. Una vez más: Buena premisa, ejecución larga y forzada y un mensaje de cierre que da pena.

Cuando falta el último tercio la película tiene una primera escena de acción. Es casi un cambio de género, pero al menos es un movimiento. Hemos dejado pasar cientos de tonterías, pero un poco de tensión nos despierta. Todo lo que sigue a ese momento es cuesta abajo. No es un problema de género ni de ritmo, sino de creer que tenían un guión digno de filmarse. Es un producto qué se expone como tal. Eligieron a dos actores de películas prestigiosas, Wagner Moura y Greta Lee, y los pusieron a trabajar por mucho dinero, dejando atrás sus mejores momentos cinematográficos. No los culpo. Mentira, sí lo hago. Ellos se esfuerzan, gritan y tienen su momento Oscar aunque saben que la película no será ni vista por los miembros de la Academia. El clip del grito y el reclamo mutuo hay que tenerlo siempre, uno nunca sabe. Y el infierno no está completo hasta que con alegría nos prometen una posible segunda parte. El misterio del streaming es eso, no importa que tan malo sea lo que hagas, siempre se puede hacer de nuevo.