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Black Mirror Temporada 6

De: Ally Pankiw

Los seis episodios de la sexta temporada de Black Mirror son exactamente lo que uno podría esperar de una sexta temporada de una serie conformada por capítulos independientes. Más allá de las referencias cruzadas que suelen aparecer, cada historia es única y los episodios pueden verse en cualquier orden y sin continuidad alguna. Pero que la serie sea lo que uno espera no debe tomarse como un elogio, sino como la confirmación de una fórmula agotada, cuya única esperanza es traicionar sus propios principios y lógica, cosa que afortunadamente aquí se pasa en varios momentos. Su creador, Charlie Brooker, sigue oficiando como guionista.

Cómo ocurrió desde la temporada 1, Black Mirror tiene un episodio inicial que pone todo lo que tiene para enganchar. Joan is Awful cuenta la historia de Joan (Annie Murphy) una ejecutiva de una empresa de tecnología que un día descubre que toda su vida se convierte casi al instante en una serie de ficción del servicio de streaming de Streamberry, protagonizada por Salma Hayek (interpretada, claro, por ella misma). Es un episodio divertido, con vueltas de tuerca y muchas referencias a toda la historia de la serie. Es finalmente liviano y responde a la consigna de los conflictos de la tecnología. La mayor ironía es que el monstruo tecnológico es obviamente Netflix, pero no usan el nombre de la empresa. Los siguientes episodios son desparejos y algunos podrían estar en cualquier serie, no sólo en Black Mirror.

Loch Henry es una historia policial donde la tecnología analógica juega un rol en la trama. Un joven que estudia cine vuelve con su novia compañera de estudios al pequeño pueblo donde vive su madre, viuda de un oficial de policía. Cuando la joven descubre la historia de un terrible asesino y torturador, se le ocurre hacer un documental sobre el tema sin saber a donde los llevará esto. Más terror que ciencia ficción, es un episodio aceptable aunque algo previsible.

Beyond the Sea muestra una de la falencia de las serie. Tarda más de una hora en narrar algo que cualquier serie de antología de otra época hubiera contado en cuarenta minutos y se nota. En un 1969 alternativo, los astronautas Cliff (Aaron Paul) y David (Josh Hartnett) se embarcaron en una misión espacial de seis años, durante la cual habitan réplicas mecánicas de sus cuerpos en la Tierra para pasar tiempo con sus esposas e hijos. Uno de los personajes lee a Ray Bradbury, quien hubiera sido un perfecto guionista para una serie como esta. Pero no lo es, así que mejor no citarlo. Como suele ocurrir en la serie, el ingenio de la propuesta no llega a nada particularmente interesante al final.

Mazey Day es el episodio de la serie que por su historia es ideal para que le guste a los que no les gusta la serie. A mediados de la década de 2000, una fotógrafa paparazzi (Zazie Beetz) sin escrúpulos empuja al suicidio a un joven actor al exponer fotos de su vida privada. Decide alejarse de su trabajo, pero vuelve a retomarlo cuando le ofrecen mucho dinero por obtener fotos de la actriz Mazey Day (Clara Rugaard) que desapareció después de un incidente de atropello y fuga en la República Checa. A pesar de los subrayados y bajadas de línea -algo típico de la serie desde siempre- se las ingenia para sorprender. Es una buena historia en la serie equivocada, por lo que tiene destino de ser despreciada por los fans.

Demon 79 es una historia de terror que tiene mucho de Stephen King, aunque no se trate de una adaptación de su obra. Ambientada en 1979 y con una evocación del cine de terror británico, cuenta la historia de Nida (Anjana Vasan) es asistente de ventas en una tienda por departamentos y enfrenta discriminación y racismo por parte de sus compañeros de trabajo y su jefe. En el sótano de la empresa descubre un talismán que libera a un demonio en formación llamado Gaap (Paapa Essiedu) que le dice a Nida que mate a tres personas en los próximos días para evitar la amenaza de un apocalipsis nuclear que arrasará con la humanidad. Las referencias al mundo de Stephen King y a la propia serie no alcanzan para justificar el episodio y una vez más, todo es muy obvio y bastante rancio.

La duración de los episodios, las verdades de Perogrullo, cierta moralina progresista y una hipócrita mirada sobre la tecnología hacen de Black Mirror un clásico que todos ven pero que se ha quedado sin ideas. No estando dispuesta a ir al fondo con sus ideas del mundo, incluso teniéndole miedo a Netflix, la serie se ha vuelto irrelevante, en un contexto donde muchas otras series se le han sumado desde su aparición en el año 2011.