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DMZ

De: Ernest R. Dickerson

Hay actores que tardan en convertirse en estrellas y otros que nunca lo hacen, de golpe están en todos lados aunque sus carreras previas son extensas. DMZ está protagonizada por Rosario Dawson, que desde hace más de veinte años es un rostro conocido que siempre ha logrado hacer la diferencia con cada presencia. Sin embargo su presencia en series como Luke Cage (y el resto de los títulos de The Defenders), The Mandalorian, El diario de Boba Fett y Dopesick la han convertido en una de las estrellas más requeridas. DMZ tiene un protagonismo absoluto de ella, quien lleva adelante los cuatro capítulos de la miniserie.

DMZ representa un futuro distópico muy cercano. Una guerra civil ha estallado en Estados Unidos y la isla de Manhattan se ha convertido en una zona desmilitarizada. Alma Ortega (Rosario Dawson) es una doctora de Nueva York que al comienzo del conflicto se ha separado por accidente de su hijo, a quien ha perdido en medio de una multitud que huye. Pasa el tiempo y, luego de una intensa búsqueda, consigue regresar a Manhattan para recuperar al niño ahora adulto. Con la Segunda Guerra Civil como contexto y con dos poderosas pandillas peleándose por el poder en Manhattan, Alma descubrirá que su lugar en ese mundo tal vez sea mucho más importante que su propia historia como madre.

Desde el inicio el guión y la dirección se apoyan exclusivamente en Rosario Dawson, confiando en su talento y lo adecuada que resulta para el papel. Sin ella no habría motivo para seguir más allá del primer capítulo. Su personaje lleno de energía, tenaz y fuerte, es un clásico personaje de lo que mejor le salen. La serie también logra presentar de forma creíble e impactante esa Manhattan distópica. Invierte más en el comienzo que en el resto de las situaciones, donde se observa un presupuesto más limitado.

Pero el drama persona de la protagonista va quedando de lado a medida que el costado político de la serie crece. Como con toda alegoría política actual, surge la tentación de pensar en los últimos años de Estados Unidos, algo que hasta el hartazgo han hecho decenas de series y películas. Aunque aquí hay que hacer una salvedad: el cómic en el cual se basa es previo al estallido de los conflictos políticos y sociales recientes. El discurso de la serie, bien a la moda contemporánea, intenta expresar conceptos políticos más allá de la coyuntura. Pero en el balance la bajada de línea es claramente menos interesante el drama personal de la protagonista y la violencia entre pandillas. Dicha bajada termina siendo el centro absoluto de la trama. DMZ es notoriamente inocente y voluntarista, una versión algo adolescente del progresismo contemporáneo. Cada ingrediente obligatorio de la agenda ideológica es representado.

El final de esta miniserie se pasa un poco de rosca y termina siendo casi una parodia de todo lo mencionado. Un mundo de mujeres de todas las etnias, hombres representados por niños de minorías y algún adulto masculino perdido en el fondo. La idea de que todos los problemas del mundo serán solucionados cuando las mujeres no blancas consigan erradicar la violencia con su unión y su voluntad. No sé sabe si la serie tiene esa convicción o si intenta entregar el producto de moda. En cualquier caso el resultado es infantil y decepcionante.