Cine Clasico

Doña Flor y sus dos maridos

Doña Flor y sus dos maridos (Dona Flor e seus dois maridos, Brasil, 1976) es una película dirigida por Bruno Barreto, adaptación de la novela de Jorge Amado publicada en 1966. Se trata de uno de los éxitos más grandes de toda la historia del cine de Brasil, siendo la película más taquillera de ese país hasta el año 2010 cuando se estrenó Tropa de elite 2 y la destronó de ese lugar de privilegio. El suceso, claro, no fue sólo en Brasil. La película dio que hablar en todo el mundo.

La acción transcurre en Salvador de Bahía, durante la década del 40, Floripides Guimarâes (Sonia Braga), más conocida como Doña Flor, está casada con el mujeriego incurable y jugador empedernido Valdomiro Santos (José Wilker), apodado Vadinho, a quien soporta por la fuerte conexión sexual que tiene con él, además de su capacidad de seducir con mentiras. Pero Vadinho muere durante los festejos de carnaval, dejando a Doña Flor viuda. Pasado el tiempo, ella decide casarse con el respetable farmacéutico Teodoro Madureira (Mauro Mendonça), un hombre responsable y metódico pero completamente acartonado y sin pasión en la cama. Pero el fantasma de Vadinho aparecerá nuevamente en la vida de Doña Flor por cumplir sus deseos sexuales.

Aunque todos recuerdan la película por el afiche con Sonia Braga feliz en la cama abrazando a los dos hombres, el conflicto que justifica esa imagen aparece en el último tercio de la película. Es posible que, por ser lo más provocador y picante de la película, se lo haya puesto siempre en primer plano sin importar si con eso se estaba contando demasiado de la trama. El hecho de que Vadinho, además, sea un fantasma que está casi siempre desnudo, suma todavía más al interés por el contenido sexual que tiene la historia. Como suele ocurrir con los clásicos, sólo queda una parte y el resto es olvidado. La versión de la película en Brasil es apenas más larga que la estrenada fuera del país y en algunos lugares, como por ejemplo Argentina, la película sufrió algunos cortes por la censura. Está claro que la sensualidad y el erotismo de la película no son solo una promesa, sino que están en la película. Sonia Braga se convirtió en un sex symbol internacional y rodó en diferentes países, incluyendo Estados Unidos, muchos largometrajes. Su talento superó esa etapa de símbolo sexual que ella aprovechó natural y libremente, sin sentirse avergonzada. Lo que se ha dejado de lado es el lado dramático del film, con el personaje de Doña Flor sufriendo por los desplantes permanentes de su primer esposo. El lado de realismo mágico de la película va aflojando esa tensión y la convierte en algo más humorístico, aún cuando Vadinho no termine de ser nunca del todo simpático.

Dos cosas destacan de la película y tiene que ver con su identidad brasilera. La película tiene una fuerte carga cultural de usos y costumbres, algo que no poseen las películas extranjeras que buscan retratar Brasil. Incluye un elemento irresistible a la hora de exportar cine: la comida como parte de varias escenas, incluso recetas. Nunca falla. Bruno Barreto supo tener éxito local e internacional, difícil adivinar hasta que punto especuló con ambas cosas. Y el otro gran golpe de inmortalidad que tiene el largometraje es su música.  La canción de Chico Buarque, O Que Será? se transformó en un verdadero himno de la música brasilera. Fue compuesta para la película y la letra tiene tres versiones distintas que aparecen en tres momentos de la historia. La intérprete que la canta es Simone. Aunque la película es muy conocida para algunas generaciones, la fama de la canción y sus posteriores grabaciones siguen estando mucho más vigentes.

Sin embargo se han hecho también otras versiones de la misma novela en diferentes formatos, aunque ninguna ha tenido fama fuera de Brasil. El éxito en Estados Unidos llevó a que en 1982 se realizara un largometraje inspirado en la misma historia llamado Mi querido fantasma (Kiss Me Goodbye) protagonizado por Sally Field junto a Jeffe Bridges y James Caan, bajo la dirección de Robert Mulligan. Aunque era una adaptación muy libre y con otros objetivos, estaba claro que Estados Unidos no era el país para acercarse Doña Flor y sus dos maridos, más bien lo contrario. Aunque no haya sido una revolución cinematográfica, el film de Bruno Barreto siempre será, a su manera, único.