Cafe Society (Estados Unidos, 2016) es una película escrita y dirigida por Woody Allen. Forma parte de la última etapa de su carrera, dónde, aún con un par de excepciones, su obra ha dejado de estar en el centro de interés del cine mundial. Tuvo su presentación en el Festival de Cannes y tuvo un éxito moderado en la taquilla y una buena respuesta de crítica. El término que le da origen al título, café society, alude a la elite mundana de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Aristócratas, artistas, herederos y otras figuras, muchas de las cuales dejaron de reunirse en salones privados para hacer una vida pública. El término se volvió popular en la década del treinta, que es justamente cuando transcurre la película. La acción se ubica en dos lugares, Nueva York y Hollywood.
Bobby Dorfman (Jessie Eisenberg) es el hijo menor de una familia judía de Nueva York. Su hermana mayor, Evelyn (Laruen Griggs), es maestra y está casada, mientras que su hermano mayor, Ben (Corey Stoll), es un gánster. Bobby decide mudarse a Hollywood, donde consigue un empleo realizando recados menores para su tío Phil (Steven Carell), un influyente agente de talentos. Phil presenta a Bobby a su secretaria, Veronica —apodada Vonnie— (Kristen Stewart), quien se encarga de ayudarle a instalarse. Bobby se siente atraído por la sencillez de ella, que contrasta con la de la mayoría de las jóvenes del lugar, y se enamora profundamente de ella. Ella rechaza sus intentos de cortejo, diciéndole que tiene un novio periodista llamado Doug. En realidad, “Doug” es Phil, con quien Vonnie mantiene un romance ilícito; él le promete divorciarse de su esposa y casarse con ella. Bobby y Phil hablan entre sí de sus conflictos amorosos sin saber que ambos hablan de la misma mujer.
Café Society podrá estar condenada a perderse en el cúmulo de una obra prolífica ya no tan popular, pero merece atención por su estilo, su tono, y la coherencia con el resto de la obra del director. Por primera vez desde Días de radio (1987) Woody Allen hace la voz en off de una película en la que no actúa. El personaje de Bobby es, claramente, un alter ego del director, como lo han sido otros actores jóvenes desde hace ya casi treinta años. La ambientación es impactante desde la escena inicial y también desde el comienzo se destaca la sublime fotografía de Vittorio Storaro, considerado uno de los directores de fotografía más importantes de la historia del cine y con quien Woody Allen, curiosamente, nunca había trabajado antes.
Hay diálogos y escenas que son un espejo de películas anteriores. El dilema de la protagonista femenina entre un mundo banal y otro más común, se parece al de Crímenes y pecados, incluso hasta el diálogo en el cuál Bobby le reclama por haber cambiado. Ambos cambian y siguen adelante. El tono de humor y glamour cede poco a poco a la melancolía y ese, finalmente, el tono del largometraje. Una pequeña joya de romanticismo frustrado.

